Opinión

KRUGMAN: Los buenos republicanos rechazan la evolución


 
 
 
Llegué un poco tarde a esta fiesta, pero el Centro de Investigación Pew publicó recientemente un nuevo informe sobre los cambiantes puntos de vista en Estados Unidos respecto a la evolución. La gran enseñanza es que una pluralidad de personas que se autoidentifican como republicanos ahora cree que nunca ha habido evolución desde el día de la Creación, y ni hablar de que la evolución sea impulsada por la selección natural. El cambio es grande: una caída de 11 puntos desde 2009.
 
Obviamente no hay ninguna evidencia nueva que motive este rechazo a Darwin. Y en comparación con hace cuatro años, los demócratas ahora tienen ligeramente más probabilidad de creer en la Evolución.
 
Entonces, ¿qué pasó luego de 2009 que pudiera estar cambiando los puntos de vista republicanos? La respuesta es obvia, por supuesto: la elección de un presidente demócrata.
 
¡Espere! ¿La teoría de la evolución de alguna forma se relaciona con las políticas de la administración de Obama? No que yo sepa, pero ese no es el punto. El punto, en cambio, es que los republicanos están siendo impulsados a identificarse en todas formas son su tribu, y su sistema de creencia tribal está dominado por fundamentalistas contrarios a la ciencia. Desde hace un tiempo ha sido imposible ser un buen republicano si se cree al mismo tiempo en la realidad del cambio climático; ahora es imposible ser un buen republicano si se cree en la evolución.
 
Y por supuesto, lo mismo está pasando con la economía. Hasta apenas 2004, un informe económico anual del presidente publicado durante una administración republicana podía adherir una visión fuertemente keynesiana, declarando las virtudes de una “política monetaria agresiva” para combatir las recesiones y también argumentando a favor de la política fiscal discrecional (naturalmente, la única forma de política fiscal discrecional considerada eran los recortes fiscales, pero la lógica era directamente keynesiana, e igualmente se podía haber usado para justificar programas de obras públicas).
 
Ah, y el informe de 2004 (que puede leerse aquí: 1.usa.gov/1cWaJCC) — presumiblemente escrito por Greg Mankiw, en ese entonces presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente George W. Bush — usó la “palabra m” al exhortar al uso de “estímulos de corto plazo”.
 
Dado ese marco intelectual, la reemergencia de una situación económica del tipo de la década de 1930 con prolongadas insuficiencias de demanda agregada, baja inflación y tasas de interés iguales a cero, debió haber hecho que muchos republicanos fueran más keynesianos que antes. En cambio, vimos a los republicanos (a las bases, por supuesto, pero también a economistas) declarar su fidelidad a varias formas de economía del lado de la oferta.
 
Esto debe tener que ver con el tribalismo. Toda la evidencia, desde el fracaso de la inflación y de las tasas de interés para crecer pese a los enormes incrementos en la base monetaria y pese a los grandes déficits, hasta la clara correlación entre la austeridad y las crisis económicas, ha apuntado en una dirección keynesiana, pero el odio a Keynes (y el odio a otros economistas cuyos nombres empiezan con “K”) se ha convertido en un marcador tribal, parte de lo que hay que decir para ser un buen republicano.