Opinión

KRUGMAN: La grave y lamentable historia del honorable saboteador de la derecha

07 octubre 2013 5:2

 
 
Una vez había un funcionario gubernamental que tenía un plan. Se había convencido de que la forma de arreglar la economía era enviar equipos de saboteadores que sistemáticamente interrumpieran la producción en todo el país.
 
 
¿Por qué lo creía?
 
 
No importa; por algún motivo era lo que decía toda la gente muy seria.
 
 
Así que el plan entró en acción, acelerando el paso gradualmente con el tiempo. Eventualmente, los saboteadores empezaron a generar una cantidad significativa de daño; la mejor estimación era que estaban destruyendo aproximadamente 3 por ciento de la producción del país. Pero luego de tres años, dos cosas empezaron a suceder. Primero, el Honorable Saboteador de la Derecha dejó de acrecentar sus esfuerzos, y hasta empezó a holgazanear un poco. En segundo lugar, el sector privado mejoró un poco en lo que respecta a enfrentar al equipo de saboteadores, reduciendo así el daño que hacían.
 
 
Como resultado, la economía empezó a crecer otra vez. De hecho, de cierta forma más rápido de lo normal, conforme las fábricas saboteadas se las arreglaban que volver a alinearse. Y el Honorable Saboteador de la Derecha dio una vuelta olímpica. “¿Ven?”, dijo, “mis políticas han sido un triunfo y se ha demostrado que mis críticos estaban equivocados”.
 
 
Es una historia tonta, ¿o no?
 
 
Pero tal como lo explicó recientemente Martin Wolf, columnista del Financial Times, es exactamente la historia de George Osborne, canciller del Ministerio de Economía y Hacienda de Gran Bretaña.
 
 
¿De qué se trata todo entonces?
 
 
Simon Wren Lewis, profesor de economía de Oxford, publicó recientemente en Internet algunas declaraciones sobre la “decepción de la austeridad”. Lo que lo provocó fue un artículo para The Telegraph escrito por Jeremy Warner, comentarista de negocios y economía británica, que caracteriza el debate de la austeridad como de proponentes de “Estado grande” versus “Estado chico”.
 
 
Es punto del Sr. Wren Lewis es que sólo un lado del debate lo vio de esa forma. Los oponentes de la austeridad en una economía deprimida adoptaron su postura porque creían que esta política empeoraría la depresión, y tenían razón.
 
 
Los proponentes de la austeridad, empero, mentían sobre sus motivos. Son palabras fuertes, pero si analizamos sus reacciones recientes se vuelve claro que todas sus afirmaciones de austeridad expansiva (precipicios de 90 por ciento y todo eso) sólo fueron excusas que sirvieron su agenda: desmantelar el Estado benefactor. Eso, a su vez, ayuda a explicar por qué el colapso intelectual de sus supuestos argumentos no ha marcado ninguna diferencia en su posición de política.
 
 
Un punto interesante, que el Sr. Wren Lewis aborda y que he mencionado en otras ocasiones, es que la gente del lado de la austeridad en este debate no sólo es poco sincera; no parece comprender la noción de que otros de hecho pudieran argumentar de buena voluntad. Cuando discutíamos los estímulos, mucha gente de la derecha (economistas como Robert Lucas) simplemente asumió que gente como Christy Romer, ex presidenta del Consejo de Asesores Económicos de la administración de Obama, inventaba cosas para servir una agenda política. Y ahora pienso que podemos ver por qué supusieron eso; después de todo, así es como operan.
 
Así que no ha sido un debate simétrico, y por eso mi lado ha ganado completamente con los hechos, pero sigue perdiendo en la esfera política.