Opinión

KRUGMAN: Greenspan, esforzándose por empeorar las cosas

28 octubre 2013 5:2

 
 
Steven Pearlstein, un columnista de The Washington Post, leyó el nuevo libro de Alan Greenspan, y descubrió que el ex presidente de la Reserva Federal cree que no tiene responsabilidad por las cosas malas que sucedieron bajo su mandato; y que la solución a una crisis financiera es, lo adivinó, menos gobierno.
 
Lo que Pearlstein no mencionó en una columna reciente, pero pienso que es importante, es el asombroso historial de Greenspan desde que dejó el cargo; un historial de estar equivocado respecto de todo, y no aprender nada de ello.
 
En particular, han pasado más de tres años desde que Greenspan advirtió que nos íbamos a convertir en Grecia cualquier día, y declaró que era “lamentable” que no hubieran llegado ya la inflación y las tasas al alza. La cosa es que Greenspan no está siendo sólo un mal economista, está siendo una mala persona, negándose a aceptar la responsabilidad por sus errores dentro y fuera del cargo. Y sigue por ahí, haciendo su mejor esfuerzo para hacer del mundo un peor lugar.
 
¿Saben quién soy?
 
Una de las cosas extrañas sobre los debates que hemos estado teniendo en torno a la política económica desde la crisis financiera es cuántas personas en un lado de estos debates — el lado en que no estoy, resulta — creen que pueden ganar disputas haciendo valer su rango.
 
Los críticos son minimizados como simples blogueros, lo cual supuestamente los descalifica para señalar errores y declaraciones falsas; las ideas son minimizadas (erróneamente, sucede) como si no fueran parte de lo que cualquiera ha estado enseñando a los estudiantes de posgrado, como si esto eliminara cualquier posibilidad de que las ideas pudieran, no obstante, ser correctas.
 
¿Yo hago valer mi rango de igual manera? Estoy seguro de que si revisa mis escritos con detenimiento, encontrará algunos ejemplos. Pero trato de no hacerlo; trato de formular argumentos con base en losméritos, y si minimizo la contribución de alguien, trato de hacerlo con base en lo que dice, no de quién es.
 
Lo que muchas personas — en particular, académicos, lamento decirlo — no parecen comprender son los límites que imponen las credenciales, en principio y en la práctica. Básicamente, tener una elegante silla con su nombre y quizá algunos premios te dan derecho a una audiencia, no más. Hay un gran hervidero zumbante de comentarios, así que nadie puede leer todo lo que alguien dice. Pero si un intelectual famoso hace un pronunciamiento, él recibiría y recibe atención mucho más fácilmente que alguien sin la reputación preexistente.
 
Pero las credenciales académicas no son una condición necesaria ni suficiente para que tus ideas sean tomadas en serio. Si un profesor famoso dice repetidamente cosas estúpidas, y luego trata de afirmar que nunca las dijo, no hay una regla contra llamarlo un idiota mentiroso; y no se requieren cualificaciones especiales para hacer ese pronunciamiento aparte de hacer tu propia tarea.
 
A la inversa, si alguien sin credenciales formales consistentemente hace observaciones incisivas y profundas, él o ella se ha ganado el derecho a ser tomado en serio, sin importar sus antecedentes.
 
Una de las grandes cosas sobre Internet es que ha hecho posible que varias personas cumplan con esa segunda condición para conseguir un público.
 
 
No me importa si son profesores de doctorado, o sólo tipos que llevan blogs; es el trabajo el que importa.
 
Mientras tanto, desde hace mucho tiempo supimos que muchos intelectuales grandiosos y famosos son, de hecho, tontos. Algunos de ellos quizá siempre hayan sido tontos; algunos de ellos son erizos, que saben mucho sobre un área estrecha pero son ignorantes en todo lo demás. Y algunos de ellos, por cualquier razón, se han perdido; puedo pensar de repente en varios economistas de quienes es común decir: “No puedo creer que ese tipo escribiera esos artículos”.
 
Y permítame añadir que creer que uno puede hacer valer su rango en esta era moderna abierta es en sí mismo una demostración de incompetencia. ¿A quién exactamente piensa que le importa? No a los lectores, seguramente.
 
Cierto, éste es un mundo difícil para las personas que realizan un trabajo descuidado, y que están contando con que sus credenciales los protegerán de las críticas. De algún modo, sin embargo, no puedo sentir simpatía por ellas.