Opinión

Kramer vs. Kramer

 
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Andrés Manuel López Obrador.

La verdad sea dicha (muletilla pagada por Morena), a Gil no le ha asombrado el pleito público entre los hermanos Liópez. Se publicó en su periódico El Universal, la lectora y el lector lo saben: Arturo López Obrador manifestó su apoyo al PRI en Veracruz, a Héctor Yunes Landa, y como el rayo y la centella, Liópez dijo que los “traidores abundan, hasta en la familia (…) no es para ponerse a llorar, sino para enfrentar las traiciones. No todos se mantienen con firmeza y lealtad al pueblo (…). Somos familia, pero él está por conveniencia del lado de los corruptos”.

Por qué tendría Gilga que asombrarse de esta querella fraternal si Liópez como las ve las toma: los que no están conmigo son traidores, aunque sean mis hermanos y cállese porque le doy un sopapo que para eso soy su hermano. De hecho, les doy sopapos a todos, aunque no sean mis hermanos y sí traidorzuelos.

¿Y si a Arturo López Obrador le da la gana apoyar a Héctor Yunes?

Pues se convierte en traidor a la causa, al pueblo bueno, a Morena y a su factótum (palabra un poco venida a menos). ¿Tendrán razón quienes ven a Liópez desgastado y viejo, colérico y descolocado? Quiere usted una prueba más contundente de que Liópez nada puede arreglar si no es a bofetadas.

LA SOLFA
Cuando los hermanos se enojan, arde Troya, y la familia, y Tabasco que era un edén y se convirtió en un incendio. Y sopla, que Arturo injerta en pantera y le pone una solfa al hermano Liópez de padre y señor nuestro.

A mí no me vas a venir a dar de coscorrones. Oigan y lean esto: “¿Cómo que traidor, si él estuvo en el PRI, ha estado en tres partidos, después en el PRD y ahora en Morena. Y ahí ha tenido a su familia siempre. No los patees”. No se lo tomen a mal a Gilga, pero lo cierto es que se relamió los bigotes y masculló: esto se va a poner bueno. Acto seguido, se frotó las manos y ocupó una butaca en la primera fila del teatro de nuestra vida.

“Yo le digo a Andrés Manuel que se serene, que yo sólo hice un pronunciamiento. Ya estamos grandes para hacernos cargo de nuestros actos. Que tampoco hay que ser tirano, porque uno no puede aspirar a que todos piensen igual que uno”. Miren por dónde le hizo agua al barco de Liópez.

Ahora bien: no es mala noticia saber que no todos están locos en la familia, que no a todos se les chipa la cadena. Que haya un sensato en casa demuestra que la genética no siempre es una ley inamovible.

Gamés imaginó a Liópez hecho un basilisco. ¡Comuníquenme con Batres, con Claudia, con Yáñez, con Bertha, con Vasconcelos! Que se presenten en el atrio, perdón, en la oficina. Llegan jadeantes los personajes de la primera plana de Morena. Todos de rodillas, ustedes saben que así se escuchan mejor mis mensajes. Para mí que ustedes huelen a traición. Un murmullo se adhirió como la humedad a los muros de la casa morena: no, no, señor, nunca una duda, jamás un pensamiento pecaminoso. Liópez les toca la cabeza y les dice: correcto, los perdono, pero a mi hermano lo excomulgo, o como se diga.

El hermano, deje usted incómodo, el hermano encabronado dice: “Los hermanos le ayudamos, le coordiné la campaña aquí en Veracruz en el 2006 y ganó por 50 mil votos, entonces, no puede descalificarme con una frase”.

Gamés imaginó a los hermanitos Liópez jugando en el portal de una casa fresca de Macuspana. Se oyó un grito: Andreg, ¡te llama la mamá!

Que no moleste la señora, dice el niño de ocho años. Vamos a jugar a que yo era presidente; el que no quiera jugar a esto que se vaya al rancho.

Entonces yo decía un discurso y ustedes oían sentados y nadie se paraba hasta que yo acabara. Arturo, si te mueves ya no juegas con nosotros. Ah, la vida de los niños mayores de cincuenta años.

NI LAS GRACIAS 
El hermano: “lo ayudamos todos los hermanos, somos seis, ahorita nada más se quedó con uno que dice que lo apoya. La verdad es que ya se quedó solo. Lo estuvimos apoyando, no pedimos nada, y ni las gracias nos dio”. Yo gané con él la elección en 2006 aquí en Veracruz; le di ocho vueltas al estado, pero pues él es así. Desde su particular punto de vista, la persona más inteligente que hay en México es él (…) Andrés Manuel paga mal el apoyo que recibe”. Si hubo un drama que se llamó Kramer vs. Kramer, lo nuevo es Liópez vs. Liópez.

Caracho, Gil caminó sobre la duela de cedro blanco como si hubiera cumplido ciento tres años, en su cabeza retumbó la frase del hermano: “Andrés paga mal el apoyo que recibe”. Un lamento desgarró el silencio del amplísimo estudio: Ay, mis hijoos ingratos.

Ustedes lo saben: los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras el mesero se acerca con la charola que sostiene el Glenfiddich 15, Gamés pondrá a circular la máxima de Graham Greene por el mantel tan blanco: “Quienes comparten nuestra niñez, nunca parecen crecer”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX

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