Opinión

Korenfeld no debió renunciar...

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David Korenfeld

…sino que lo debieron haber cesado de inmediato, apenas la confesión de su parte hizo irrelevante cualquier prueba adicional. Imposible saber si el presidente Peña concedió al extitular de la Conagua la pantomima de que se iba por su propio pie (y no en helicóptero, por supuesto).

Pudo ser una gracia para un apreciado colaborador, pero resulta una pésima señal por parte de un régimen en que el abuso del erario (legal o ilegal) por parte de altos funcionarios es prácticamente una rutina.
Porque si David Korenfeld pudo ordenar sin problema alguno un helicóptero oficial para trasladar a su familia como si se tratara de un taxi de sitio, es porque sentía la impunidad (en el mejor de los casos) o el derecho (en el peor) para hacerlo.

El funcionariado de la Conagua, evidentemente, no se atrevió a marcarle un alto al entonces jefe, porque es la cultura prevaleciente entre muchos de aquellos que ocupan altos niveles en este gobierno. No sólo se trata de cobrar (en abundancia) del erario, sino que además se arrogan el derecho de usufructo de todos los recursos que hay en la dependencia a su cargo, tanto para su persona como para todos los allegados.

En semanas recientes Peña le ha estado dando muchas vueltas a esa popularidad que debería tener como el gran reformador de la economía nacional (que lo ha sido), pero que no llega. ¿Por qué no se refleja en las encuestas el triunfo que fue abrir el sector petrolero a la inversión nacional y extranjera? ¿Dónde están las ovaciones para quien por fin introdujo la competencia en la energía y las telecomunicaciones?

Su perplejidad al respecto es evidente y ha optado por la evasión.
Igual ha comentado que no está para colgarse medallistas y que no busca popularidad (y el zorro de la fábula dijo que las uvas que no podía alcanzar estaban verdes), como que lo suyo es un trabajo de largo plazo.

Pero no entiende o, más bien, prefiere no asimilar el costo que le implicaría entender: encabezar, con el ejemplo, un gobierno austero de palabra y sobre todo de hecho. Porque gobernar con boato puede ser legal, pero no puede ser aplaudido por aquellos que trabajan mucho a cambio de poco.

Porque no se trata de impresionar a la realeza británica o a las lectoras del Hola! con un despliegue de buen gusto (y muy elevado precio) en el vestir, sino de representar con dignidad y sencillez a un país que absolutamente nadie catalogaría de rico.

La administración Peña todavía no llega ni siquiera a la mitad de su recorrido. Queda tiempo para corregir y transformar radicalmente las percepciones negativas que, con fundamento, tienen aquellos a los que sirve. Pero es cuestión de abrir los ojos y aceptar que muchos que trabajan en el gobierno se comportan como si el país fuera su botín personal. Y no se trata de esperar a ver si el escándalo del momento amaina, sustituido por otro. No se trata de esperar a que la denuncia estalle en las redes sociales, sino de actuar con firmeza y despedir al que falle, no esperar a que renuncie.

Twitter: @econokafka

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