Opinión

'Knock', 'knock', Ildefonso
y Eruviel

Son muy pocas, poquísimas, las empresas mexicanas que invierten en investigación y desarrollo (I+D). La inmensa mayoría no invierte un solo peso. Nada en diseño industrial; nada en capacitación de alto nivel; nada en ciencia. Son las que típicamente no están satisfechas con las reformas estructurales, y ven un futuro negro a pesar de los cambios.
Pero entre las pocas empresas que sí invierten en I+D está Probiomed, una firma biofarmacéutica con algo más de mil 500 empleados y cuatro plantas de producción que ha despuntado por décadas dentro de la constelación de empresas farmacéuticas globales. La compañía es particularmente sólida en medicamentos que atacan problemas renales, urológicos y oncológicos.

Probiomed ha entrado en una etapa de renovación de su estructura corporativa, y está dando serios pasos rumbo a su institucionalización, tras la contratación que hizo Jaime Uribe de Sandra Sánchez, la nueva directora general adjunta, quien impulsa un acelerado proceso para potenciar las capacidades de la empresa.

Es importante saber que las biofarmacéuticas empezaron a desplazar el poderío de mercado de las farmacéuticas tradicionales –conocidas como Big Pharma–. En la actualidad, es posible ver capitalizaciones de mercado de más de mil 500 millones de dólares en empresas con ventas de poco más de cien millones. ¿Qué significa esto? Que los flujos de efectivo que prometen las biofarmacéuticas son significativamente más esperanzadores que los de las farmacéuticas tradicionales.

Entre los planes inmediatos de Probiomed se encuentra iniciar inversiones de capital que aseguren su viabilidad de largo plazo. Un monto inicial que ha sido ya aprobado es de 500 millones de dólares, y la firma evalúa actualmente dónde invertirlos para establecer una nueva planta.

Un problema que enfrenta Probiomed es que en México no encuentra incentivos atractivos para destinar esta inversión a nuestro propio país. Algunas naciones sudamericanas le están ofreciendo descuentos en Impuesto sobre la Renta, a veces totales y durante diez años, a fin de obtener esta inversión mexicana. Varios países ya echaron ojo a este dinero. Otros están proponiendo que esta inversión llegue vía una joint venture, en alianza con algún empresario local, y que implique la transferencia de tecnología.

Al parecer el radar aún no está abierto en la Secretaría de Economía ni en el gobierno del Edomex –uno de los estados que Probiomed ha evaluado para destinar esta inversión–, para generar los incentivos adecuados a fin de garantizar que esta planta se construya en México. El tiempo apremia. La competencia en esta industria abre ventanas de tiempo muy breves para estas decisiones. Knock, knock.

Twitter: @SOYCarlosMota