Opinión

Kirk Wiebe insiste en supervisar a fondo el espionaje de la NSA


 
Barack Obama dirigió al gran público estadounidense –desinformado por la televisión– el viernes un discurso tranquilizante y manipulador de 45 minutos sobre los “límites” que planea imponer al espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), que se quedó, como se esperaba, demasiado corto ante los alcances de la “comunidad de inteligencia” gracias al despliegue tecnológico de los últimos años.
 
 
A estas alturas del partido, seis meses después de que en un acto verdaderamente heroico Edward Snowden exhibiera los tentáculos de la NSA y su injerencia en la vida cotidiana de ciudadanos y gobiernos, suena a risa que el presidente norteamericano todavía haya esgrimido, como lo hacía George W. Bush, el fantasma del “terrorismo” para justificar el avance del totalitarismo, argumentando, por ejemplo, que la intervención masiva de teléfonos y computadoras tenga como único objetivo proteger al país de un atentado. Si así fuera ¿qué interés tuvieron sus sabuesos en 2012 para alambrear las comunicaciones del entonces candidato Enrique Peña Nieto?
 
 
Obama nunca aludió a la cuarta enmienda constitucional, que prohibe los “cateos y decomisos” arbitrarios y sin orden judicial, precisamente lo que hace la NSA, y llevó su mensaje a extremos pueriles, al manifestar que “los chicos de la agencia son nuestros vecinos, nuestros amigos y familiares”, que “siguen protocolos diseñados para proteger la privacidad de la gente ordinaria”
 
Inutilidad
 
Es por eso que las personas que conocen las entrañas del monstruo, como Kirk Wiebe, ex analista de la NSA, quien a cambio de denunciar honestamente, a través de los “canales legales” establecidos la inutilidad del programa Traiblazer, se ganó el acoso de la FBI y una amenaza de cadena perpetua, insisten en que es necesario un verdadero órgano independiente de supervisión, cuando Obama ni siquiera definió qué ocurrirá con los registros telefónicos e instruyó al procurador general, Eric Holder, y el director de Inteligencia Nacional, James Clapper, hacer una propuesta en 60 días.
 
 
“Hasta que tengamos ese tipo de supervisión, el engaño que se ha desarrollado en los últimos 40 años de la NSA ocurrirá una vez más”, advirtió Wiebe. En el fondo, es evidente que Washington jamás renunciará al espionaje, herramienta clave de su “diplomacia”. A diferencia de Obama, que ofrece la cara amable del régimen, senadores y diputados cerraron filas ayer con la agencia, para descartar incluso los cambios cosméticos del mandatario sobre el control de los archivos telefónicos.