Opinión

Kiir y Machar derrumban mito de la nueva África


 
El mito de la “nueva África” estable y orientada al desarrollo con reformas de libre mercado se derrumba en Sudán del Sur, “la nación más joven del mundo”, producto del separatismo a control remoto en 2010, y la República Centroafricana, donde Francia interviene por enésima vez, pero quiere que Alemania pague la cuenta.
 
 
Aquí nos detendremos en Sudán del Sur, enorme territorio de 11 millones de habitantes que se escindió de Jartum para tratar de zanjar las diferencias étnicas y religiosas entre el norte musulmán y el sur animista y cristiano, muy pobre ––90 por ciento de la población vivía con menos de un dólar diario al lograr su “independencia”, y 85 por ciento es analfabeta––, pero sentado en reservas de petróleo por 6 mil millones de barriles, las terceras del África Subsahariana, que explotan empresas chinas, indias y malayas.
 
 
A la hostilidad mutua que dejó la partición ––sin salida al mar, Juba debe pagar a Sudán para refinar y exportar su crudo en el Mar Rojo––, acaba de sumarse hace una semana un supuesto golpe de Estado abortado por el gobierno del presidente Salva Kiir Mayardit, quien culpó a su ex vicepresidente, Riek Machar, destituido en julio con todo el gabinete. Kiir es miembro de la tribu Dinka y su rival, que lo acusa de llevar el país al “abismo”, pertenece a los Nuer.
 
 
Sospecha
 
 
Kiir asumió el mando del Movimiento de Liberación Popular de Sudán a la muerte de su líder histórico, John Garang, en un misterioso accidente aéreo en 2005. Machar, a su vez, es considerado una figura divisiva, aunque puede ser el pretexto que Kiir buscaba para monopolizar el poder. Ayer, en tanto, mediadores africanos expresaron que fueron “productivas” sus pláticas con Kiir, aunque Uganda comenzó a desplegar tropas en Juba y la misión de Naciones Unidas desalojó a su personal de Bor, ciudad del interior donde se concentra la lucha.