Opinión

Kate y Osorio

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La primera semana de diciembre la actriz mexicana Kate del Castillo recibió una llamada telefónica del secretario de Gobernación, Miguel Angel Osorio Chong, a su casa de Los Angeles, California. En dicha llamada el funcionario mexicano le comunicó a la actriz que el gobierno tenía conocimiento de sus conversaciones, cercanía, relación y entrevista con El Chapo y la invitó a colaborar con el gobierno para su captura, compartir información y todo lo que estuviera a su alcance. La actriz, con una seguridad y –para algunos- valor insospechado, desairó al secretario al rechazar su invitación y dijo que no, gracias.

A casi dos meses de distancia de esa llamada, cordial, amena, y con la recaptura de por medio, la perspectiva de la señora Del Castillo es muy distinta.

México y Estados Unidos han tenido etapas y momentos variables en la colaboración de la lucha contra el narcotráfico.

En la administración pasada, la Iniciativa Mérida significó un mecanismo eficiente y de resultados probados, no sólo por la información compartida y el trabajo estratégico realizado, sino también por los recursos que llegaron a fortalecer órganos de inteligencia mexicanos.

A partir de 2012, ese mecanismo se desactivó y la información dejó de fluir con la agilidad y precisión con que funcionó en el pasado. Desde entonces, la DEA y el FBI han demostrado mucha mayor cercanía y confianza con unidades élite de la Marina, entrenados, dirigidos y capacitados por agentes estadounidenses. Según fuentes en Washington, otras corporaciones de seguridad en el Estado mexicano sufren de diversos niveles de infiltración por el crimen organizado y el narcotráfico. No son confiables.

La detención de Joaquín El Chapo Guzmán se convirtió en una prioridad para el gobierno de México por el enorme impacto internacional que tuvo su fuga. No sólo representó un ridículo de dimensiones mayúsculas, sino que además significó el cuestionamiento profundo de la eficiencia, transparencia, profesionalismo y, con mayor gravedad, honestidad de los cuerpos de seguridad federales. ¿A quién corrompió la organización de El Chapo? ¿A quién compró para poder salir de Almoloya? ¿Fueron sólo los funcionarios locales del penal? ¿O esto alcanzó a niveles más elevados en el aparato de seguridad nacional; al propio gabinete del presidente Peña?

Estas preguntas son sólo algunas de las que el departamento de justicia de Estados Unidos y sus corporaciones especializadas han acumulado a lo largo de los últimos siete meses.

Por ello, la cooperación conseguida para la recaptura de Guzmán representa uno de los puntos más altos en la recuperación de un elevado nivel de trabajo colaborativo. Hubo inteligencia, estrategia, seguimiento, comandos especiales e información compartida de celulares y dispositivos de comunicación.

En este contexto, el caso “tangencial” de la actriz Kate del Castillo, se convierte en piedra fundamental para comenzar a desmoronar el imperio económico de lavado y de inversiones de El Chapo en Estados Unidos.

Y no porque la actriz haya tenido acceso a toda esa información, sino porque si logran probar la existencia de una o más inversiones, transferencias o movimientos de capital a las empresas de Kate, de forma muy señalada el Tequila Honor, se podrán trazar los orígenes, bancos, cuentas e inversiones en el sistema financiero mexicano y estadounidense.

Al FBI y a la DEA no les interesan primordialmente los vínculos con políticos o funcionarios mexicanos corruptos, aunque siempre es información útil y valiosa –vean al señor Humberto Moreira en proceso en España a pedido de una Corte en Texas.

Les interesa de forma primaria trazar las líneas del dinero, del lavado, de las empresas socias encubiertas y no detectadas.

Probar el delito de lavado de dinero, con todos los candados e inteligencia financiera de gobiernos y bancos a su servicio, resulta muy complejo. Lo que viene ahora será la búsqueda intensa de esas huellas para probar su existencia y la posibilidad de un modus operandi. Para ello la extradición es esencial.

Por todo esto la actriz mexicana y estadounidense se encuentra en graves aprietos, para la justicia estadounidense y también para la mexicana.

Según el marco legal de la Unión Americana, dos delitos fueron ya cometidos por Kate al tener contacto, relación y probables negocios con un criminal internacional buscado por sus agencias; y el segundo, conspiración si se prueban planes, estrategias o proyectos compartidos entre ella y El Chapo.

Twitter: @LKourchenko

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