Opinión

¿Justicieros?

 
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Eran asaltantes. Policías Federales trasladaron los cuerpos de 4 personas, hallados en la carretera México-Toluca, el lunes. (Especial)

Nunca he sido muy aficionado de las películas de acción, sin embargo, recuerdo bien una serie de cintas de los años 80 en las que Charles Bronson encarnaba a un hombre que tomaba la justicia por su propia mano ante la ineficiencia de las autoridades, la impunidad de la delincuencia y el dolor de haber perdido a un ser querido. Todo en una Nueva York que hoy se ve lejana, pero que en esa época era el prototipo de la ciudad violenta.

No era que la trama fuera novedosa (cualquier película de vaqueros tiene un fundamento similar) aunque por lo actual de aquel ejemplo, hizo que el “vengador anónimo” se hiciera un estereotipo moderno del justiciero misterioso que sustituye a la ley cuando no queda otro remedio. Para la ficción, Bronson personificaba la solución al hartazgo provocado por la inseguridad; en la realidad, las cosas funcionan de manera distinta.

Primero, la posibilidad de que el problema de los asaltos en autobuses se resuelva por medio de personas armadas (y bien entrenadas) que hagan frente a varios delincuentes durante un robo es mínima. Si no entendemos cómo funciona este tipo de delito, las formas de prevenirlo, y sobre todo, que por cada intervención “exitosa” de un justiciero, la mayoría resulta en tragedias, nos mantendremos en el terreno de la emoción y no solucionaremos mucho.

El asaltante promedio en el transporte público es joven, agresivo, novato y adicto a alguna droga en la mayoría de los casos. Sabe que debe actuar con mucha violencia para que las víctimas ofrezcan la menor resistencia posible, debe contar con al menos un cómplice (lo usual es que sean tres en total) y debe tener bien identificados los puntos de abordaje y de descenso. Su fortaleza está precisamente en la imposibilidad o la falta de coordinación, e incluso la complicidad, de los cuerpos policiacos encargados de patrullar carreteras y rutas de transporte.

En muchos casos, más de los que se pensaría, las armas empleadas por estos delincuentes son falsas, por el simple hecho de que son delincuentes primerizos que en el impulso de la adrenalina (y posiblemente la droga o el alcohol) pueden ocasionar una tragedia y al mismo tiempo irse con las manos vacías. En el Consejo Ciudadano hemos analizado puntualmente este tipo de casos para identificar bien el modus operandi y separarlos de aquellos que involucran a pasajeros armados que enfrentan a los asaltantes. De total, la participación de justicieros es mínima y su éxito limitado. Por el contrario, cuando un ciudadano armado los enfrenta, muere, es herido o son heridos otros pasajeros.

Sé que nunca como ahora nos urge tener héroes. Hasta podría entender el origen de una recomendación absurda que circula en redes sociales para no denunciar si se presencia la actuación de un “justiciero”. No obstante, lo único que realmente ha ayudado a detener a este tipo de criminal y a combatir los robos ha sido precisamente la denuncia. Los datos están disponibles y los programas de prevención elaborados por la sociedad civil también. Lo otro, la idea cinematográfica de enfrentar a los delincuentes en su mismo nivel, es ayudarlos a que nos sigan afectando.

Twitter:@LuisWertman

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