Opinión

Juntas

Desde que trabajo voy a juntas. Las aborrezco. Recuerdo algunas académicas en las que debía participar hace años. Hacía un gran esfuerzo para no quedar dormido frente a mis colegas. Ahora las juntas han evolucionado. Hay quien las disfruta enormemente; es como su momento de esparcimiento y guarda el chiste local para darlo a conocer en el instante oportuno frente a otros colaboradores de la empresa.

Otros ven las juntas como el lugar propicio para tirar estilo. El día de la junta mensual, semanal o quincenal usarán su reloj más vistoso, o estrenarán el iPad o la tableta Galaxy más reciente. Estratégicamente invertirán unos minutos en explicarle a quienes llegan temprano en qué ciudad de Estados Unidos la consiguieron y el atributo más picudo de su nuevo aparato. Recuerdo a ciertos entusiastas de un iPhone diciendo que ya traía reconocimiento de voz. Nunca los he escuchado usándolo, pero sí que les sirvió para tirar estilo en los minutos previos a aquella junta.

Las juntas son el mejor pretexto para no trabajar. “El licenciado no le puede contestar porque está en junta”, es de las frases básicas que tiene que aprender una secretaria. “Es que sale de una junta y entra a otra”, es una frase de segundo grado que denota mucho poder, muchas ocupaciones en el sujeto. Hay que cuadrarse.

El aderezo de los teléfonos inteligentes y las tabletas en las juntas las redefinió en los últimos cinco años. Uno nunca sabe si quien está picándole al teléfono lo hace para registrar una idea recién escuchada, o si en realidad está texteando a la novia, o viendo Twitter. Es una incógnita de proporciones mayúsculas.

Victor Lipman escribió en Forbes que uno de los mejores cinco consejos para las juntas es programarlas para que duren la mitad del tiempo que originalmente pensamos; es decir, si queremos que dure una hora, programémosla para media. Los asuntos se resolverán y el tiempo, veremos, será suficiente, afirma. También aconseja hacer juntas de pie, sin la posibilidad de sentarse. Durarán una tercera parte del tiempo.

En mi opinión, las juntas deberían tener tres características: constituirse únicamente bajo demanda; exigir la resolución explícita de los temas que se aborden en pocos minutos tan pronto como la información cuantitativa y cualitativa sea presentada; y analizar todas las temáticas desde las ópticas más objetivas y metodológicamente rigurosas como sea factible.

Pero la pregunta más importante, como señala Lipman, es la siguiente: ¿en verdad es necesaria la junta? Cualquiera que se la haga con honestidad podrá concluir que, en la mayoría de los casos, bastaba con una llamada o un correo para girar una instrucción, comprender un problema o tomar una decisión.

Twitter: @SOYCarlosMota