Legado sombrío
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Legado sombrío

05/09/2018
Actualización 05/09/2018 - 12:32

El lunes, en su último Informe, el presidente Peña Nieto afirmó que deja un país mejor de lo que recibió en 2012. La enorme mayoría de los ciudadanos de este país pensamos muy diferente. La abrumadora victoria de López Obrador el 1 de julio es indicativa de ello. El sexenio que termina más bien se antoja como uno de los peores en décadas. Esta administración, como la de Calderón y la de Fox, tuvo la oportunidad de transformar al país, de raíz, particularmente en el gran pendiente: la legalidad. Ninguno de los tres gobiernos abonó en ese sentido.

La pobre transición política de nuestra democracia en los últimos 18 años no ha dado los resultados que los ciudadanos esperaban de la política y las instituciones. ¿Cómo habría cambiado el país si en estos tres sexenios se hubiesen abocado a convertir a México en un país de un verdadero Estado de derecho?

En cambio, México sigue bajando en todos los índices internacionales que miden justicia, legalidad, seguridad, impunidad y corrupción. Muy pronto en el sexenio la administración de Peña Nieto se quedó sin la legitimidad política y la autoridad moral necesarias para defender su visión de país e impulsar su plan de gobierno. Fueron años en los que se nadó de muertito. Ante la amenaza de las calificadoras, el mayor logro de los últimos dos años es que desde la Secretaría de Hacienda se revirtieron los excesos en las finanzas públicas de los primeros cuatro años. Ahí están hoy Argentina y Turquía, como casos claros de que los mercados son implacables con los manejos equivocados o irresponsables de la macroeconomía.

Y para terminar el sexenio, como en el Mundial, en que gracias a Corea pasamos a la siguiente ronda, hoy México tiene las veladoras prendidas para que Canadá nos salve el NAFTA. Ya veremos en qué acaba esta partida de Peña Nieto con Trump, que comenzó con la grave falta de criterio en agosto de 2016. Tampoco en nuestra relación con EU y Canadá nos deja este gobierno en una mejor situación.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.