Opinión

'Juli' y Baillères engrandecen a la fiesta brava

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Toros. (Cuartoscuro)

La tercera corrida de la Temporada Grande en la Plaza México se antojaba como un duelo entre dos jóvenes matadores. Pese a sus diferentes conceptos de interpretar el toreo y de contar con sitios distintos en el escalafón, la afición respondió de manera entusiasta con una entrada superior a las 30 mil personas. En mano a mano, el madrileño Julián López El Juli y el queretano Octavio García El Payo no desilusionaron ante un encierro de la ganadería de Fernando de la Mora que fue desigual en juego y presencia.

En sus tres toros, El Juli confirmó el lugar que se ha ganado como una de las máximas figuras del toreo mundial. Siempre respetado y bien recibido por el público capitalino, el matador español respondió con valor, temple y madurez ante un lote que complicó el desempeño de ambos matadores. Frente a su segundo enemigo, el madrileño dibujó una faena completa de la que se recordarán tandas de derechazos ceñidos y un toreo en redondo que puso de pie a la afición. Una buena estocada le valió dos orejas protestadas por una parte de los tendidos.

Sin embargo, en su último toro, El Juli puso de manifiesto su virtuosismo en el arte de la tauromaquia. Desde el primer tercio hasta el último momento de la faena, el español mostró seriedad, maestría y entrega frente a un burel al que logró meter a la muleta pese su falta de fuerza y transmisión. Destacaron derechazos largos, naturales profundos y una tanda de Dosantinas que hicieron que la afición se entregara en todo momento de la lidia. Un pinchazo en lo alto y una estocada trasera no fueron suficientes para que el juez de plaza, Jesús Morales, otorgara la oreja que fue exigida por la afición.

Octavio García El Payo corrió con menor suerte que su alternante. Presionado por compartir cartel con una figura internacional y afectado físicamente por un levantón en su primer toro, el queretano tuvo un buen momento frente a su segundo enemigo, con el que arrancó su trasteo con derechazos de rodillas en los medios. Se trató de una faena vistosa que destacó por su valor y aguante ante un burel incierto con el que se vio entregado, aunque falto de clase y temple. Una estocada delantera le valió una merecida oreja.

En la tercera corrida de la temporada nuevamente se dieron cita figuras de la clase política, empresarial y artística del país. En los tendidos se pudo observar al empresario Juan Antonio Pérez Simón, al exprocurador Rafael Macedo de la Concha, al ganadero Alejandro Martínez Vértiz, al empresario poblano Ricardo Henaine, al promotor taurino Humberto Lugo Gil y al incansable secretario de Desarrollo Social, José Antonio Meade.

Mucho se habló en la Plaza México acerca de la trayectoria de Alberto Baillères, exitoso empresario mexicano a quien el Senado de la República otorgó esta semana la medalla Belisario Domínguez. Una designación sin duda controvertida por el hecho de haber entregado a un hombre de negocios esta condecoración que recuerda la figura de aquel senador chiapaneco cuya capacidad oratoria contribuyó al derrocamiento de Victoriano Huerta.

Sin embargo, no se trata del primer empresario en haber recibido esta insignia. Gilberto Borja, fundador de ICA, fue objeto de este merecimiento hace exactamente una década. Las críticas, muchas de ellas infundadas, provienen de una oposición radical que no comprende el papel que juega la iniciativa privada en la creación de empleos y generación de condiciones para combatir la pobreza.

La noticia, no obstante, ha tenido un mayor número de opiniones favorables entre la clase política. En el mundo de la fiesta brava, en la que están representados todos los sectores de la sociedad, esta designación representa un gran respiro frente a los movimientos prohibicionistas. El segundo hombre más rico del país, al igual que el primero, Carlos Slim, es uno de los principales promotores taurinos en México y España. Fundador de la ganadería Begoña, Baillères es propietario actualmente de la dehesa de Mimiahuapan. Como criador, destacó la reciente adquisición del fierro español de Zalduendo.

Exitoso empresario en los sectores financiero, metalúrgico, comercial y de seguros, Alberto Baillères lo es también en el ámbito taurino. A través de su empresa EMTSA, administra la plaza de toros vde la ciudad andaluza de Córdoba y representa en América a figuras como Alejandro Talavante y Morante de la Puebla. En México, las principales plazas de toros del país han recibido el impulso de este gran promotor de la fiesta brava, a quien en muchas ocasiones y con cada vez mayor insistencia se le ha señalado como posible sucesor de Miguel Alemán Magnani al frente de la empresa que lleva los destinos de la Plaza México.

De concretarse este cambio, estaríamos en la antesala de un relevo con el que se abriría una nueva etapa en el ámbito taurino internacional, en un momento en que existen fundadas esperanzas de ver surgir en México a nuevas figuras del toreo.

Como las miradas profundas y enigmáticas, esas que, silenciosas, lo dicen todo sin expresar palabra alguna, la fiesta brava aguarda la llegada de mejores momentos en su historia.

Soy Juan de la Lidia y nos vemos en los tendidos…

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