Opinión

Juicios orales: preguntas en la víspera

 
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Sinaloa Centro de Justicia. (Carlos Velázquez Martínez)

Oído en una sesión de capacitación en materia de juicios orales:

–¿Y los indígenas que viven en la sierra, cómo le van a hacer para ir hasta Ciudad Rayo (nombre ficticio)?

–¿Por qué lo pregunta?– inquiere el capacitador.

–Porque ya ahora les cuesta mucho trabajo y dinero ir a su cabecera municipal y cuando entren los juicios orales van a tener que ir hasta Ciudad Rayo, ¿no?

–¿Y está muy lejos?

–Sí, pero para ellos más. No los veo pagando 100 pesos tres veces para ir a las audiencias. Viven con 15 pesos al día. Usted dirá.

–En donde eso ocurra– dice el capacitador, los policías ministeriales pueden trasladarlos.

Levanta la mano un policía ministerial.

–A veces no tenemos gasolina ni siquiera para el trabajo diario.

–Tienen que darles gasolina– dice el capacitador, un tanto desconcertado porque lo han sacado de su guión.

–Dicen que no hay presupuesto.

–Pues tendrán que darles.

Levanta la mano otro:

–Siempre somos menos ministeriales de los que hacen falta. En “X” hay 60 mil habitantes y nosotros somos dos. ¿Y ahora vamos a andar de choferes?

Interviene el primero:

–¿Y las investigaciones? ¿Y las órdenes de aprehensión? ¿Y los llamados de emergencia por un colgadito?

–Seguramente está previsto que habrá más personal.

–Ya nos dijeron que no.

–Tampoco habrá más ministerios públicos– dice un ministerio público.

–Seguramente habrá. Ya se distribuyeron mil 200 millones de pesos en todos los estados para la implementación del nuevo sistema.

–¿Cómo cuánto le toca a cada estado?

–No traigo el dato.

–Pues ya nos dijeron que no. Nos dijeron que los actuales nos vamos a dividir entre los que van a concluir los juicios por el sistema tradicional y los que van trabajar el nuevo sistema.

–Si de por sí no podíamos con la carga de trabajo, ahora menos. Porque los juicios orales serán más rápidos, más imparciales, más transparentes y todo lo que usted quiera, pero demandan más personal por donde lo vea. Hay que estar en las sesiones, y por lo que nos han dicho, a veces van a tardar muchas horas.

–¿Y mientras, quién va a atender a la gente, recibir las demandas, conciliar, notificar? Hace falta más gente.

Mientras tanto, alguien ya sacó la cuenta.

–Son 37 millones por estado, ¿usted cree que con eso alcanza para construir o modificar las instalaciones, poner sistemas de video y aumentar el personal?

–Debe de alcanzar, sí.

–Yo lo que no acabo de digerir es eso que usted dice: que si no está bien integrada la carpeta de investigación, es mejor liberar al presunto para no exhibirse ante el juez.

–Yo no dije eso. Lo que dije es que hay que tener todos los elementos para llevar al inculpado al juicio oral.

–¿Y cuándo no?

–Cuando no, mejor no.

–¿Ya ve como sí lo dijo?

–A mí lo que me preocupa es que la Policía Federal a lo mejor sí está preparada, pero en la estatal y en las municipales les falta mucho. Casi siempre que ponen a disposición a una persona el parte informativo está mal hecho. Además de mal redactado, falta información como en qué momento recibieron la llamada de auxilio, a qué hora llegaron, quién hizo la detención, a qué hora trasladaron a la celda al presunto…

–Se refiere a las circunstancias de tiempo, modo, lugar y ocasión.

–Y si está mal hecho el parte, no vamos a poder hacer nada. Porque el juez nos lo va a echar para atrás apenas lo vea.

–Por eso también vamos a capacitar a los policías.

–¿A poco eso se puede?

–¿Y los indígenas de la sierra, maestro, cómo le van a hacer?

–Pues los ministeriales pueden…

Un policía ministerial golpea discretamente la paleta de su pupitre y murmura: ¡Que no tenemos gasolina, carajo!

Sí, oído en una sesión de capacitación en materia de juicios orales en un estado en el que en abril debe estar operando el nuevo sistema.

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