Opinión

Jugar con fuego en Coahuila

 
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Veracruz

Cuando estas líneas se publiquen faltarán escasos veinte días para que tenga lugar en Coahuila el cambio de gobernador. Y es fecha que aún no se sabe quién será. Increíble pero así es, luego de que han transcurrido más de cinco meses, casi seis, de que se celebraron las elecciones para escoger democráticamente al próximo mandatario estatal. Y los votantes se encuentran prácticamente igual, sin saber qué, desde aquella noche del 4 de junio, día en que acudieron a las urnas.

Ha pasado tanto tiempo desde esa noche, que es probable que no pocos lectores, aun de Coahuila, hayan olvidado lo sucedido, tanto en la propia jornada electoral como en los días subsecuentes, hasta llegar a la fecha en que nos encontramos. Imposible hacer referencia a todos los acontecimientos registrados a partir de entonces, y menos aún de manera pormenorizada. Pero sí a algunos relevantes y que bien vale la pena recordar.

Por si a alguien ya se le olvidó, esa noche del 4 de junio el conteo rápido levantado por un proveedor contratado por la propia autoridad electoral, dio como ganador de la elección para gobernador al candidato postulado por una coalición de cuatro partidos, encabezada por Acción Nacional. El conteo rápido mide el resultado de una elección a partir de una muestra representativa de las casillas de todo el estado, en este caso, seleccionadas de acuerdo a fórmulas técnicas rigurosas y muy depuradas.

Para refrescar también la memoria, vale recordar que esa misma noche de las elecciones el famoso PREP (programa de resultados electorales preliminares), que es la suma de los resultados de cada casilla según se van recibiendo en los comités electorales las actas de escrutinio levantadas en las mesas de votación, registraron todo el tiempo una ventaja en votos a favor de la misma coalición opositora. Y luego, de repente, la tendencia se invirtió y marcó ligera diferencia favorable al oficialismo y ¡pum! el programa se cerró, cuando faltaba de computar alrededor de la tercera parte de las casillas.

Tal proporción es insólita, porque generalmente los prep´s se cierran con un porcentaje de casillas computadas muy cercano al cien por ciento. No ocurrió así en Coahuila, y hasta la fecha no ha habido una explicación que indique la causa de tan abrupta interrupción del programa con tan alto número de casillas omitidas.

Esa misma noche las redes sociales dieron documentada cuenta de numerosas irregularidades en el traslado de los paquetes con los votos y las actas a los comités electorales. Básicamente policías estatales disfrazados de civiles, indebidamente se encargaron de esta delicada tarea. No se sabe a dónde llevaron los paquetes antes de entregarlos a los comités. Es probable que ésta sea la razón que explica la abrupta interrupción del PREP.

Lo anterior indignó, como nunca, a la ciudadanía coahuilense. El siguiente fin de semana se llevaron a cabo por todo el estado multitudinarias marchas ciudadanas para exigir respeto al voto. En Saltillo, ciudad por lo general fría para estas cuestiones, se reunieron alrededor de sesenta mil personas de acuerdo a lo informado por la prensa y según lo acreditan impresionantes videos, y en Torreón más o menos la mitad de esa cifra.

Causas para anular esa elección hay más que de sobra. Si se empecinan en imponer al priista, será un pésimo augurio de lo que puede ocurrir en 2018. Y en Coahuila será literalmente jugar con fuego.

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