Opinión

Juegos de poder

La situación en Guerrero resalta las difíciles decisiones que tiene que tomar el presidente Enrique Peña Nieto ante la forma en que sistemáticamente han ido incrementándose la violencia e inseguridad en el país. Alguien tendrá que asumir la responsabilidad penal y política por la ingobernabilidad que se vive en Guerrero. La pregunta es quién.

El juego del poder está en pleno desarrollo. Y no es muy claro quién lo va a ganar. Pero por lo menos en este momento el gobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, parece estar en la delantera.

La posición inicial del presidente Peña Nieto, horas después en la ciudad de Iguala, Guerrero, sobre el despiadado ataque contra estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa que dejó como saldo seis muertos, uno de ellos con signos de tortura y la cara desollada, era señalar la responsabilidad del gobernador de Guerrero para que enfrentara estos actos de barbarie.

Y tal vez en esta ocasión el acto de “cortesía” política por parte del presidente fue un error. El gobierno federal tenía todas las razones para intervenir y tomar control del estado. Y la comunidad y medios internacionales esperaban esa reacción del gobierno de México ante la gravedad de las acusaciones. Empezaron a señalar no la negligencia del estado de Guerrero ante la desaparición de los 43 normalistas, sino la incapacidad del gobierno de México.

Y a diferencia del sexenio pasado, lo que vive México en este momento no sólo está relacionado con la violencia de los grupos del crimen organizado, ahora se combina con la violencia de movimientos sociales y estudiantiles. Tal vez se pueda señalar otros estados que llevan años de “ingobernabilidad”, como Oaxaca, o más violentos, como el Estado de México. Pero aquí la diferencia es que hay pruebas contundentes de que el autor de los asesinatos es la autoridad local. Y también está el hecho de que los desaparecidos son estudiantes.

En las últimas dos semanas se arrestaron decenas de policías municipales; se encontraron una decena de fosas; el presidente municipal, su esposa y el secretario de Seguridad Pública de Iguala desaparecieron, y las protestas están aglutinando movimientos sociales de toda índole, incluyendo grupos armados y la guerrilla. Movilizaciones que no sólo se llevan a cabo en México, sino en otras grandes ciudades del mundo. Y la protesta no es en contra el gobierno estatal, sino contra el gobierno de México.

El estado de Guerrero fue el más violento en 2013, con dos mil 87 homicidios y 207 casos reportados de secuestro, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública y el Sistema Nacional de Seguridad Pública.

En otra democracia, las fuerzas políticas hubieran obligado la renuncia del gobernador para permitir una investigación y defender al partido, en este caso el PRD. Pero como en México vivimos la democracia al revés y hay pocos pesos y balanzas ante la irresponsabilidad de la clase dirigente, ahora tenemos al PAN haciendo un llamado para que renuncie el procurador general de la República, Jesús Murillo Karam, quien acababa de atraer las investigaciones de las desapariciones y muertos de Iguala.

Si alguien es responsable políticamente de lo que está sucediendo en Guerrero, el primero es el gobernador y el segundo el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, ya que su cartera incluye la seguridad interna en el país.

Además están los panistas, aprovechando las dificultades del gobierno federal. Lo que tenemos ahora es un gobernador victimizándose porque el gobierno no le hacía caso y un secretario de Gobernación inusualmente callado.

El PAN, aprovechando el asedio en contra del gobierno federal, también lanza una demanda de que se declare estado de sitio en Guerrero, que pone al presidente en una situación incómoda. Declarar estado de excepción sería reconocer la gravedad de lo que está sucediendo en el país en un momento que se busca mantener el Mexico moment vivo para atraer inversionistas.

La forma en que el presidente y su equipo resuelvan no sólo las expresiones de violencia en Guerrero, sino la situación política del mismo gobernador de Guerrero, marcarán las pautas para el resto del sexenio y enviarán un mensaje de la capacidad del Estado mexicano de poder por lo menos controlar, sino reducir, los brotes de violencia e inseguridad en México.

Twitter: @Amsalazar