Opinión

Juan Orlando Hernández y su opción militar para Honduras


 
Desde la ruptura violenta del orden constitucional el 28 de junio de 2009 con el golpe de Estado que depuso al liberal Manuel Zelaya, Honduras no logra restaurar la democracia y los derechos en el país, considerado por la ONU como el más violento del mundo con 85.5 homicidios por cada 100 mil habitantes.
 
 
Con un pueblo que cada vez participa con menor entusiasmo y descree cada vez más en una democracia que no logra dar respuestas a sus necesidades más urgentes, no consigue enfrentar con éxito el flagelo de la corrupción y mucho menos, reduce los niveles de miseria, pobreza y violencia en las que sobreviven la mayoría de la población hondureña, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) aceptó este lunes –como lo solicitó la candidata del izquierdista Libertad y Refundación (Libre), Xiomara Castro– contar la totalidad de las actas de votación y verificar el sistema de cómputo utilizado en las elecciones del pasado 24 de noviembre, en las que el oficialista Juan Orlando Hernández resultó triunfador.
 
 
La decisión del TSE busca sin duda evitar cualquier nuevo estallido social y dar legitimidad a Hernández, quien representa la apuesta de la ciudadanía para rescatar a Honduras de la violencia.
 
 
De corte autoritario y pragmático, el abogado de 45 años, centró su oferta de campaña en el combate militarizado contra el narcotráfico y las pandillas. “Haré lo que tenga que hacer para erradicar la delincuencia”, repitió sin cesar durante la campaña.
 
 
Para ello piensa apoyarse en la policía militar, que a pesar del rechazo de los grupos humanitarios, logró crear cuando era presidente del Congreso, y su controvertido plan de depuración de la policía civil que está salpicada por múltiples denuncias de corrupción, narcotráfico e incluso asesinatos, entre otros delitos.
 
 
Sin esconder su inclinación militarista, Hernández ha asegurado que no descansará hasta transformar a Honduras en una “ciudad modelo” al estilo de Hong Kong y llegar a cero en los niveles de violencia.
 
 
Aún en su silla parlamentaria, comenzó a ejecutar proyectos populistas como el de los “ecofogones” (estructuras metálicas que funcionan con poca leña) para familias pobres. De ahí le endosaron el apodo de “Juan Fogón”, que él, revirtiendo la burla, usó luego en su campaña. “Ofrezco seguridad, empleo y una vida mejor”, reiteró en una de sus últimas entrevistas en televisión. Con el proyecto que bautizó “Una vida mejor”, remodela viviendas pobres con piso de cemento, techo y letrinas. Con su plan “Chamba (trabajo) ya”, gestiona empleo para jóvenes en empresas que le han manifestado su apoyo.
 
 
Pero el aspecto que se anuncia más polémico en su gestión es sin duda el de la seguridad y su promesa de afrontarlo con mayor militarización, algo que genera mucha inquietud en diferentes sectores del país preocupados por el futuro de los derechos humanos.
 
 
Es claro que se espera en Honduras un gobierno de mano dura y corte militar que preocupa por el futuro de los derechos humanos, afirmó el Centro para la Justicia y el Derecho Internacional.