Partidos, regresémoslos al piso
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Partidos, regresémoslos al piso

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Partidos, regresémoslos al piso

27/09/2017
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Servidores públicos de diversos partidos con señalamientos están bajo investigación por parte del INE. (Archivo/Cuartoscuro)
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Ante la imponente ola de solidaridad ciudadana, los partidos han colapsado. Era de esperarse: la cadena de abusos en todos ha terminado por podrirlos. Lo mismo da uno que otro. Morena que el PRI, el PRD que el PAN. Todos tienen tránsfugas de los demás, es una mezcla de cinismo y voracidad que ya no tiene límite.

Hace tiempo que los partidos perdieron la brújula. Han dejado de representar causas y son una suerte de franquicia de quienes se apoderan de ellos hasta que son traicionados. No tienen discurso: hablan de corrupción y están rodeados de vándalos; exigen transparencia y viven en la opacidad; exigen democracia y se agandallan a los de su partido; piden austeridad y viven en el lujo.

Estos días no saben ni qué hacer para que no los linchen. Por eso han ofrecido regresar los recursos que ellos mismos se asignaron. Saben que se asignan enormes cantidades de dinero, que eso es lo que les permite tener el control sobre su gente y sus elecciones, no necesitan discursos, ideas o banderas, solamente necesitan dinero. Es el financiamiento que se dan para sus actividades, pero también es el fondo para los 'moches', que mantienen en la Cámara de Diputados; son los recursos que se asigna, también, cada fracción parlamentaria en cada uno de los congresos; disponen de millones de spots que imponen a la población; tienen franquicias postales; se les compran coches; se les pagan los teléfonos, sus comidas, sus 'pedas' en los restaurantes, su gasolina, sus lápices, su café, sus galletitas, sus copias, sus computadoras, sus tarjetas de presentación, su papelería… A saber en qué gastan su sueldo porque todo se les paga.

Es claro que las cosas no se les pueden dejar a los presidentes de los partidos. Dicen que no necesitan el dinero ¿Entonces para qué se lo asignan en esas cantidades? Son demagogos. Todos. Barrales no está en su departamento de Miami porque pasó el huracán, si no hubiera huido para allá; Dante nomás está para aparecer como fantasma en las fotos que se toman los tres chiflados. Y Ricardo Anaya es capaz de mutar en lo que sea con tal de conseguir un aplauso, un reconocimiento. Andrés Manuel ha dejado en claro que su populismo le impide ceder los recursos, prefiere manejarlos con su gente, sus especialistas en manejo de grupos y de enormes cantidades de recursos económicos; quiere corporativizar la tragedia.

Nadie les pidió que se quitaran el financiamiento, se les pidió austeridad y compromiso con lo que sucede en el país, no que salieran con sus falsedades, porque en el fondo nadie les cree que vayan a renunciar a algo, se sabe que lo recuperarán de alguna manera. El asunto es ponerles reglas de gasto más claras. Que vivan como los demás, que paguen sus gastos personales, que no se les permitan ese tipo de erogaciones. Saldrán muchas propuestas –Luis Carlos Ugalde, Mauricio Merino, Ma. Amparo Casar, han comentado unas más que pertinentes–, pero no está de más meterlos en orden en lo pequeño para que recuperen la sencillez, que sepan el costo de las cosas. Regresémoslos al piso, a lo mejor así se les ocurre alguna idea y dejan de pensar en dinero.

Twitter: @JuanIZavala

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.