De tigres
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De tigres

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De tigres

14/03/2018
Actualización 14/03/2018 - 13:19

Mi generación, alguna para arriba y un par para abajo, ha conocido diversos tigres. Traigo los que brotan de inmediato en la memoria, más allá de los tres tristes tigres.

Shere Khan es un gran tigre. Es quizás el tigre más cercano que recuerdo. En esa película intergeneracional que es El libro de la selva, a todos nos asombró el tigre en busca del cachorro humano, Mowgli. Tan sólo presentarse, el fiero tigre gana con su presencia imponente. Todos le temen: los lobos, Bagueera, Kaa, Baloo, los buitres… el tigre ha regresado y todos tienen miedo. Pero el astuto Shere Khan se ha percatado de que todos esconden al niño porque saben que acabará con él. El tigre sorprende al niño cantando con unos buitres y decide acabar con él; sorpresivamente aparece el oso Baloo a tratar de detener a la fiera que ya se avienta sobre el chamaco. Los buitres le dicen a Mowgli que a lo único a lo que le teme el tigre es al fuego. Un rayo incendia un árbol, Mowgli toma una rama y la amarra a la cola del rayado animal que sale huyendo. No volvemos a saber nada de Shere Khan, pero siempre nos acordaremos de él.

Está también el tigre de las caricaturas de Winnie Pooh. Un tigrillo simpático con cara de bonachón que siempre parece estar de buenas. Un gran amigo del osito y sus compañeros. Hace algunos años vi en una nota que todos los animales de esa noble caricatura están asociados a algún desorden psicológico. El caso de Winnie, al desorden alimenticio; el burrito, a la depresión extrema; el puerquito, la ansiedad; el conejo es un obsesivo compulsivo, y el niño Robin, a la esquizofrenia. Nuestro amigo el tigre manifiesta déficit de atención.

Está también el Tigre Toño, el de la caja del cereal de las famosas Zucaritas. Más de dos generaciones han crecido viendo al Tigre Toño invitándote a alimentarte sanamente mientras te atascabas de azúcar con su cereal. Era un tigre fuerte, grande y deportista.

El tigre de Santa Julia, Jesús Negrete, menos conocido en estas épocas, pero que sin duda es un bandolero muy conocido. Su historia truculenta se remonta a principios del siglo pasado (ver El libro rojo, FCE tomo1). Se trató de un criminal famoso por sus robos, asesinatos, fugas de la cárcel y amoríos. Fue famoso su juicio –se usaban juicios populares en presencia de la autoridad– en el cual se dio lectura a la carta, en la que una de sus amantes, le propuso matrimonio. Pero quizá la fama le viene también de la manera en que fue aprehendido por la policía: mientras defecaba al lado de un nopal. De ahí la frase de “lo agarraron como al Tigre de Santa Julia”.

Finalmente la semana pasada irrumpió el tigre de AMLO. Es uno que, según él, es como Shere Khan: inspira miedo y ya amenazó con soltarlo y a ver quién lo vuelve a meter a la jaula. Uno no entiende bien a qué vino eso de soltar al tigre, se supone que va arriba en las encuestas aunque él no lo crea. A la gente le gusta votar y decidir, no convertirse en fiera. Es un poco presuntuoso pensar que la gente se va a sacrificar por el señor, pero él así piensa. Creo más bien que el nuevo AMLO se parece al tigre de Winnie Pooh, un bonachón con déficit de atención y los que lo rodean tienen severos trastornos del comportamiento. Si sigue así, acabará como en sus otras campañas y lo sorprenderán como al tigre de Santa Julia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.