Contra la pared
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Contra la pared

18/09/2017
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[El enfrentamiento entre granaderos y radicales se traslada de las calles al ciberespacio / Reuters]
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Algo hay en el ambiente que se está radicalizando en todos lados. No es cuestión de lo que sucede en Twitter, sino de lo que pasa en hechos claros más allá de lo expresado en las redes sociales. Mucho se dice que uno de lo problemas de esta red social es que congela la acción, que lo usuarios se limitan a expresar una denuncia, una crítica y no van más allá. Parece que aquí estamos llegando algo más lejos.

No sé si sea que ya vienen las elecciones, o el efecto López Obrador, que lleva veinte años descalificando a todos, está cundiendo o que, viendo lo sucedido con Trump, la gente prefiere radicalizarse antes de que le gane otro radical. Desde hace un tiempo no puede uno decir algo contra las convenciones generales porque inmediatamente es señalado –vaya paradoja– como radical y extremista.

El día de ayer, por ejemplo, el reportero Jenaro Villamil fue expulsado de la marcha en protesta por el asesinato de la joven Mara Castillo. Cierto es que Villamil es un periodista con lances de protagonismo sorprendentes, que hacen pensar más bien en un protagonista de dramas telenovelescos que en un reportero militante de causas radicaloides y trasnochadas. Bien, pues ya encontró su tope y encontró que a muchas mujeres que estuvieron en medio de la marcha no les pareció nada gracioso y lo sacaron de la misma. El tipo es bastante pesado, pagado de sí mismo y sangrón, pero de ahí a que se le niegue el derecho a hacer su trabajo o a manifestarse, así sea por pura pose, como solidario, hay una gran diferencia. Cualquiera de los que hemos sido blanco de las calumnias e infamias de Villamil podríamos decir con una sonrisa en la boca que es una sopa de su propio chocolate, pero no es así. No es sano lo que está pasando, hay una proclividad a satanizar hasta porque se es parte de un género. Eso no puede llevar a nada bueno.

Los estupendos reportajes de Mexicanos contra la Corrupción y de Animal Político, sobre las maniobras corruptas de diversos personajes del gobierno, son un aire fresco en nuestro periodismo y merecen aplauso. Pero exigir que todos los medios lo publiquen en sus principales espacios, es un exceso, pues significa renunciar a su propio trabajo –bueno o malo– como medios que son.

Expresar que los panistas que votaron por el pase automático –Ricardo Anaya y compañía– debían explicar la razón de ese voto y su repentino cambio de actitud, colocaba al que lo dijera como alguien a favor de Raúl Cervantes o como un “pinche priista” que quería reventar el Frente. Es claro que lo que viene políticamente correcto es apoyar al Frente, y no hacerlo te coloca automáticamente como vendido, sin importar lo que pienses o tu propia historia.

Ha comenzado la temporada de las etiquetas y todos traeremos, por lo menos, una que nos coloque ante los demás como miembro de alguna banda. Las palabras que giran son traidor, asesino, cómplice, corrupto, tranza, coludido, servil, más lo que afloren de la creatividad individual o colectiva. Parece que es tiempo de paredón y todos, de alguna u otra forma, estamos contra la pared.

Twitter: @JuanIZavala

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.