Andrés Manuel López Thatcher
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Andrés Manuel López Thatcher

COMPARTIR

···

Andrés Manuel López Thatcher

02/11/2018

“Yo no voy a ser florero”, aseveró el presidente electo López Obrador en un mensaje esta semana. Al parecer ya se está dando cuenta de algunas cosas, porque el problema con los presidentes es que, efectivamente, no son floreros. Todo lo que hacen, dejan de hacer, dicen o dejan de decir tiene impacto en la situación del país que gobiernan. Su consulta “patito”, por ejemplo, tuvo una repercusión internacional en términos de la opinión que tienen los inversionistas sobre lo que será su gobierno.

No se sabe con exactitud hacia dónde quiere ir el nuevo Presidente. No tiene un marco discursivo que lo permita saber. Él se mueve con naturalidad en la propaganda, pero no puede dar marcos de referencia claros de su ubicación en un espectro político. Es una contradicción permanente. Dice que en la obra suspendida del aeropuerto había corrupción, pero no dice de quién o cómo. Más aún, dice que a los empresarios involucrados en la obra nada les pasará, que les van a dar más obra pública. Se desprende que la corrupción no será castigada, sino solapada. Dice que habrá tres aeropuertos y cerró el que ya estaba avanzado. La ley le parece una vacilada y anuncia una millonaria catafixia de contratos con los empresarios de los que tanto reniega para no alarmar a los mercados que tanto detesta.

En las paradojas lopezobradoristas, resulta que Andrés Manuel es un presidente absolutamente neoliberal, con medidas que Margaret Thatcher hubiese aplaudido con ganas. Gil Gamés dice que AMLO es “el sueño neoliberal”, y claro: reducción tajante de la burocracia, bajarle los sueldos a los trabajadores gubernamentales, el gobierno de tamaño pequeño con que se presentan los furibundos republicanos estadounidenses; reducción de impuestos para que los ricos paguen menos, entregar la obra pública a los particulares, mantener el subsidio a la gasolina para que los ricos con coche paguen lo mismo que los pobres que pagan transporte, bajarle impuestos a las zonas más desarrolladas para que estén a la par de las marginadas del sur, despreciar al Legislativo y a todas las instancias que puedan ser un obstáculo a las decisiones inmediatas y verlas como un estorbo, no castigar a las empresas corruptas, sino volverlas socias, renegar de la crítica. Total, parece ser que la idea es hacer unos pocos ricos más –algunos nuevos como corresponde al cambio de elites– y mantener a los pobres con algo de efectivo para que no reclamen sus derechos. Es Andrés Manuel López Thatcher.

Por otro lado, tiene muchas características de dictador de república bananera: anuncia el fin del sistema de complicidades y vicios, y hace lo mismo enfrente de todos. Ningún presidente en los últimos treinta años ha nombrado tal cantidad de familiares de funcionarios: la esposa de aquél, el hijo de este otro, la hermana esta, la hija de aquella, el socio de fulano, todos con cartera en el gobierno. No hay siquiera una muestra de remordimiento, de pudor, no importa que el puesto sea una subsecretaría o el más alto en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Los puestos son para la banda. Sus desplantes contra la crítica, su modelo constante de los enemigos de la “gran causa”, sus partidarios sumisos, sus amenazas, sus “ya se acabó”, “esto va a cambiar”, “les guste o no les guste”, y hasta su patético “me canso, ganso”, hacen recordar a cualquier dictadorzuelo de izquierda o de derecha, en eso da igual ubicarlo en la geometría.

En su mensaje en redes esta semana, el Presidente electo apareció sentado junto a una mesa con libros. Pareció sugerente el título de uno: ¿Quién manda aquí? Pero también aparece Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Ojalá lo lea. Se topará con esta cita: “Quería poder. Lo quería para imponer mis planes... Sobre todo lo quería para ser yo mismo antes de morir”.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.