AMLO vs. empresarios
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AMLO vs. empresarios

07/05/2018
Actualización 07/05/2018 - 11:03

El pleito ha llegado. A López Obrador le gusta condenar gente en la plaza pública. Le gusta decir sus nombres, concitar el rechazo de sus seguidores hacia esas personas que él considera son dañinas para el país y para el proyecto político que encabeza. Y ahora que tiene nuevamente posibilidades reales de ganar, está ya señalando a los enemigos de los fracasos inevitables que tendrá, en caso de que triunfe, su gobierno. AMLO necesita nombrar a sus enemigos. Es un estilo de liderazgo viejo pero que funciona cuando se despierta el ánimo de revancha y condena colectiva. Así, pues, está la conocida “mafia del poder”, “el aprendiz de mafioso”, “la minoría rapaz”, “los corruptos”, “los que nos engañan” y luego vendrán algunos nuevos acorde a lo que vaya marcando la actualidad: “la mafia del voto útil”, “los cuatreros de la voluntad democrática”, “los asaltantes del deseo popular”, lo que se le ocurra.

Pero sucede que hay a quienes se pone cada seis años en el paredón de la condena lopezobraodrista. Un grupo es el de los empresarios a quienes tacha de saqueadores si anda de ánimo tolerante. Cierto, que los empresarios que forman cúpula normalmente no muestran más que interés en hacer dinero, no entienden su papel como actores en la vida pública. Son mezquinos con la tierra que les ha dado la riqueza, sienten que lo merecen todo. Su desplegado de hace unos días no es más que la confirmación de que no saben siquiera cómo plantear una defensa decorosa que no tenga que ver con 'millones de dólares'. Temen que gane López Obrador cuando ha llegado el escenario en que la mayoría de la gente ya no teme por ellos. Se durmieron en sus billetes y claro, tienen ahora amargo despertar. Hace poco, Federico Reyes Heroles en un texto sobre el tema (Excélsior 17/04/18) decía con razón: “Su principal misión –generar empleo y bienestar– obliga a la participación, no hacerlo es estar en falta. No se trata de inducir al voto o condicionarlo –se convertirían en delincuentes electorales–, tampoco de trabajar subrepticiamente en favor de un partido. Pero como personas y líderes están obligados a deslindarse de las falsedades.” Desgraciadamente no parece ser el caso de nuestra clase empresarial, que compite abiertamente en mezquindad con nuestra clase política a quienes suelen ver para abajo, como a todos. Cuando uno ve a empresarios como Agustín Coppel querer disponer de líderes políticos y de partidos, uno se da cuenta de que México no se merece un presidente como AMLO, pero que empresarios como Coppel sí se lo merecen.

Defender la libertad es un asunto de todos. No podemos esperar que quienes no lo han hecho en los últimos tiempos lo hagan porque AMLO los amenaza (amenazas condenables en quien aspira a dirigir la 'reconciliación nacional'). Defender a la libre empresa es también defender la libertad de expresión, de pensamiento, de creencias. Los dictadores empiezan señalando por nombre a quienes piensan expropiar (esto es casi invariable) y después ya sabemos lo que pasa.

Las libertades hay que defenderlas por principio y a López Obrador le da por atacarlas. Las libertades hay que defenderlas porque es la manera en que los seres humanos podemos realizarnos plenamente. Hay que defender, por ejemplo, la libertad de empresa a pesar de varios de nuestros empresarios.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.