Opinión

Juan de Mairena

La semana bajaba el telón y Gil iba y venía entre las máximas, los decires, las reflexiones de Juan de Mairena, el alter ego de Antonio Machado. Gamés arroja a esta página del fondo algunos subrayados tomados de Decires y pensares filosóficos, A la altura de las circunstancias y Literatura y arte, una antología de Aurora de Albornoz de la prosa de Machado en Cuadernos para el diálogo, Madrid, 1970 (el año del caldo).

Si la lectora y el lector no han leído a Juan de Mairena, abandonen lo que estén haciendo en este momento, así sea la redacción de una nueva Carta Magna, y salgan a la calle y consigan uno, dos, todos los libros de Machado y Mairena, textos escritos para mañana y pasado mañana. Dicen así este puñado de luciérnagas, “quien tenga oídos, oiga, y quien orejas, las aguce”:

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La prosa –decía Mairena a sus alumnos de Literatura– no debe escribirse demasiado en serio. Cuando en ella se olvida el humor
–bueno o malo–, se da en el ridículo de una oratoria extemporánea, o en eso que llaman prosa lírica, ¡tan empalagosa!

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Denme cretinos optimistas –decía un político a Juan de Mairena–, porque estoy hasta los pelos del pesimismo de nuestros sabios. Sin optimismo no vamos a ninguna parte.

–¿Y qué diría usted de un optimismo con sentido común?

–¡Ah, miel sobre hojuelas! Pero ya sabe usted lo difícil que es eso, amigo Mairena.

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Por debajo de lo que se piensa está lo que se cree, como si dijéramos en una capa más honda de nuestro espíritu. Hay hombres tan profundamente divididos consigo mismos, que creen lo contrario de lo que piensan.

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¿Conservadores? Muy bien –decía Mairena–. Siempre que no lo entendamos a la manera de aquel sarnoso que se emperraba en conservar no la salud sino la sarna.

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Es el político, señores, el hombre capaz de resbalar más veces en la misma baldosa, el hombre que no escarmienta nunca en cabeza propia. ¡Demonio!

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Si algún día alcanzáis un poco de notoriedad –habla Mairena a sus alumnos– seréis interrogados sobre lo humano y lo divino: “¿Qué opina usted, maestro, del porvenir del mundo? ¿Piensa usted que el pasado puede ser totalmente abolido?”. Etcétera. Y habréis de responder so pena de pasar por descorteces o usurpadores de una reputación totalmente inmerecida. Tendréis, sobre todo, que aceptar entrevistas y diálogos con hábiles periodistas que os harán decir en letra de molde, con vuestras mismas palabras, no precisamente lo que vosotros habéis dicho, sino lo que ellos creen que debisteis decir y que puede ser lo contrario…

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Siempre será peligroso encaramar en los puestos directivos a hombres de talento mediano, por mucha que sea su buena voluntad, porque a pesar de ella –digámoslo con perdón de Kant– la moral de estos hombres es también mediana.

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Quien avanza hacia atrás, huye hacia delante. Que las espantadas de los reaccionarios no nos cojan desprevenidos, dijo Juan de Mairena hace mucho tiempo.

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Entre el hacer las cosas bien y el hacerlas mal –solía decir Juan de Mairena cuando oficiaba de inmoralista– hay un término medio, a veces aceptable, que consiste en no hacerlas, porque, en verdad, mientras las cosas no se hacen, cabe esperar que han de hacerse bien un día, pero hechas mal, fuerza será, primero, deshacerlas. Por eso los malhechores deben ir a presidio.

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Hay escritores cuyas palabras parecen lanzarse en busca de las ideas; otros cuyas ideas parecen esperar las palabras que las expresen. El encuentro de unas y otras, ideas y palabras, es muchas veces obra del azar. Hay escritores extraños –y no son los peores– en quienes la reflexión improvisa y la inspiración corrige.

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No os empeñéis en corregirlo todo. Tened un poco el valor de vuestros defectos.

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De los Diarios íntimos decía mi maestro que nada le parecía más menos íntimo que esos diarios.

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No me toméis demasiado en serio –¡cuántas veces os lo he de repetir!– nada de lo que os diga. Desconfiad sobre todo del tono dogmático de mis palabras. Porque el tono dogmático suele ocultar la debilidad de nuestras convicciones.

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Nada tan voluble como el sentimiento. Esto deberían aprender los poetas, que piensan que les basta sentir para ser eternos, algunos sentimientos duran siglos, pero no son eternos.

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Nunca os aconsejaré el escepticismo cansino y melancólico de quienes piensan estar de vuelta de todo. Es la posición más falsa y más ingenuamente dogmática que puede adoptarse. Ya es mucho que vayamos a alguna parte. Estar de vuelta, ¡ni soñarlo!

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Efectivamente, los viernes Gil toma la copa con amigos verdaderos. Mientras los camareros se acercan con bandejas que soportan las botellas de Glenfiddich 15 años, Gamés pondrá a circular esta última máxima de Mairena sobre el mantel tan blanco: “La inseguridad, la incertidumbre, la desconfianza, son acaso nuestras únicas verdades”.

Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX