Una importante diferencia entre Fox y AMLO
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Una importante diferencia entre Fox y AMLO

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Una importante diferencia entre Fox y AMLO

10/08/2018
Actualización 10/08/2018 - 12:02

Después de la elección presidencial del año 2000 y antes de que Vicente Fox tomara posesión del cargo, tuvo éste en su rancho de San Francisco del Rincón, cercano a la ciudad de León, una reunión con quienes a la sazón eran gobernadores de los estados. Lo que en esa ocasión ocurrió ahí, es clave para entender no sólo el comportamiento de los mandatarios estatales sino en general de todo el priismo a lo largo del sexenio y aun del que le siguió.

En más de una ocasión he oído a Alberto Cárdenas, entonces gobernador de Jalisco, dar su versión de lo acontecido en esa reunión. No creo incurrir en infidencia alguna si doy cuenta de lo que más de una vez le he escuchado narrar a Cárdenas, que además es coincidente en lo fundamental cada vez que lo dice.

Asegura que en esa reunión los gobernadores priistas iban notoriamente nerviosos, temerosos, asustadizos. Antes de que la reunión iniciara, le preguntaban a él cómo era Fox en su trato directo y personal. Sin duda estaban influidos por la figura de un ser todopoderoso que en el sistema político que ellos conocían y en el cual actuaban, era el Presidente de la República. Hasta ese momento no les cabía que pudiera ser de otra manera.

Era ese el ambiente antes del inicio de la sesión. Notó Alberto que cuando los gobernadores priistas saludaron a Fox y vieron que se trataba de una persona amigable y franca, como que la tensión en ellos empezó a ceder. Se vieron un poco más relajados. Fue el principio de lo que inmediatamente después vendría. Más o menos calibraron los priistas, pues en ello son muy hábiles, que estaban frente a quien como presidente de la República sería muy diferente a lo que ellos conocían de esta figura, según los cánones.

Un cambio notorio observó Cárdenas en los presentes, en particular en los gobernadores del PRI, desde luego, cuando Fox en su intervención les aseguró que en el próximo gobierno que él encabezaría, los estados recibirían recursos de la Federación a través de los diversos ramos presupuestarios, como nunca se había visto. Lo cual en efecto así sucedió, y por montos verdaderamente cuantiosos. Recursos que a la postre no fueron bien administrados y aplicados, con lo cual dio inicio el proceso de descomunal rapiña en los estados, que algunos –con razón- han dado en llamar el feuderalismo.

Punto culminante de esa reunión fue cuando Fox dijo a los presentes que en el nombramiento de los delegados de las diversas dependencias federales en sus estados, ellos, los gobernadores, serían debidamente oídos y tomados en cuenta. Al llegar este momento, Alberto Cárdenas observó que a sus compañeros no solamente les regresó el alma al cuerpo sino que adoptaron una actitud de suficiencia.

¿Por qué actuó así Fox? Probablemente porque creyó que era lo correcto desde el punto de vista federalista y democrático. Pero también seguramente consideró que teniendo contentos a los gobernadores éstos podrían influir en los diputados y senadores de sus respectivos estados para que aprobaran los grandes proyectos de reforma que presentaría a las Cámaras, toda vez que Acción Nacional no tenía ni siquiera mayoría absoluta en ninguna de las dos, menos aún mayoría calificada.

El próximo presidente, López Obrador, ha anunciado que creará la figura de Coordinador General, que será como su representante en cada estado de la República. Tendría quizá sentido si su partido no tuviera amplia mayoría en ambas Cámaras, pero como sí la tiene, no se advierte que la razón de este mecanismo sea otra que tener un férreo control sobre todos los gobernadores del país. Nada que ver con el auténtico federalismo y la democracia.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.