Retornar a la generosidad: Gómez Morin
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Retornar a la generosidad: Gómez Morin

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Retornar a la generosidad: Gómez Morin

09/11/2018
Actualización 09/11/2018 - 13:40

Pasado mañana, domingo 11, los militantes de Acción Nacional de todo el país acudirán a votar para elegir al próximo presidente nacional del PAN, que lo será durante los siguientes tres años. Están registrados como candidatos el licenciado Manuel Gómez Morin y Marko Cortés. Como aspirantes a la secretaria general participan la joven y brillante abogada tapatía Mirelle Montes y Héctor Larios, respectivamente.

Ambos candidatos a presidir el CEN panista han llevado a cabo sendas campañas al interior del hoy principal partido de oposición en México. En su labor proselitista han dado a conocer tanto la visión que tienen del partido que aspiran a dirigir, el diagnóstico de la realidad que éste vive y sus respectivas propuestas para hacer que el PAN vuelva a ocupar el lugar que le corresponde en la política nacional. En particular, al menos por lo que hace a Gómez Morin, para que recobre la confianza de los ciudadanos, su credibilidad, en buena parte hoy perdida.

Por parte de Marko Cortés no se conoce algún documento amplio con sus puntos de vista y propuestas. Sólo literatura menor, de mera divulgación, que poco explica y de hecho nada dice, salvo generalidades acerca de lo que los panistas quieren oír. Pero que en modo alguno armonizan con su trayectoria política.

No es el caso de Gómez Morin. Con el título de Plan de Trabajo, él y su equipo dieron a conocer durante la campaña un extenso documento de noventa cuartillas. En sesenta de éstas exponen los aspectos sustantivos de la realidad que Acción Nacional enfrenta y del plan de trabajo propiamente dicho. Se inicia con un vehemente, vibrante mensaje a los militantes panistas, en el que les hace notar “la descomposición de la vida interna” del partido como señalan “las acusaciones de que ha sido objeto de corrupción y deshonestidad”, así como por “haberse separado de los valores democráticos que fueron siempre su mayor orgullo”. Por lo que invita a sus simpatizantes y a los panistas en general a “reconstruir al que debe ser, por diseño original, el mejor partido político de México”.

Un dato en el documento, que pudiera parecer irrelevante, me llamó la atención. Aparece en la pág. 44 en un pasaje en el que se invita al militante a tener una mayor vinculación con los ciudadanos para “poner en alto otro de los grandes valores de nuestra tradición: la generosidad, que es la virtud de dar sin recibir nada a cambio”.

A continuación se hace, con nostalgia, el comentario siguiente: “Qué lejanos parecen los constantes y múltiples actos generosos que poblaban la vida panista, para frenar el imperio del egoísmo, que posteriormente se fue apoderando de nuestra institución. Restablecer la práctica de la generosidad se convierte hoy, cuando se es oposición, en la piedra angular de la fuerza institucional que necesitamos”.

En efecto, la sobrevivencia de Acción Nacional durante al menos su primer medio siglo de existencia no se explica sin la generosidad de sus militantes. Combatientes por la democracia y la libertad sin esperar recibir nada a cambio, a no ser persecuciones, amenazas, hostigamiento, represalias, incomprensión hasta de parientes cercanos, pérdida de legítimas oportunidades, sacrificio de vida de familia y aportación de recursos económicos para la causa, fueron testimonios y actitudes permanentes en la militancia panista de antaño, explicables sólo por la virtud de la generosidad en grado sumo. Lamentablemente hoy prácticamente ausente.

No es demagogia ni poesía, fue la dura realidad de Acción Nacional durante más de medio siglo. A tono con la convocatoria de su insigne fundador que llamó al cumplimiento del deber político como “brega de eternidad”, para dignificar nuestra vida pública desde las filas de la organización a la que “nadie llega para triunfar ni obtener sino para decidir lo que sea mejor para México”.

Tiene por tanto mucho sentido proponer el retorno a la generosidad. La de antaño, la que nunca se debió perder. Ojalá.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.