Opinión

Joseph Ratzinger y la polémica restauración conservadora


 
 
Sin el carisma y las dotes negociadoras que caracterizaron a Juan Pablo II, un papa que entendió el fenómeno de las comunicaciones globales e instantáneas, Benedicto XVI prosiguió el retorno al conservadurismo operado tras el Concilio Vaticano II, que tuvo en América Latina su mejor expresión en la conferencia episcopal de Medellín en 1968, pero en el camino encontró gran resistencia de las bases y saboteó el diálogo ecuménico.
 
A sus 85 años Joseph Ratzinger, llamado el Rottweiler de dios por la fiereza de sus ideas tradicionalistas, que contrastan con la figura de un intelectual aficionado al piano y orador suave, ajeno a las multitudes que eran el espacio natural de su antecesor, ya había advertido en 2010 que no vacilaría en renunciar, de saberse 'fisíca, psicológica y espiritualmente' incapacitado para encabezar los destinos de la iglesia católica, hoy seriamente cuestionada por los abusos sexuales que él, entonces poderoso jefe de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora del aparato inquisitorial, solapó desde Irlanda hasta México.
 
Fue inexplicable que en su gira de 2008 en Estados Unidos, Benedicto XVI ofreciera disculpas por las violaciones que llevaron a la caída de jerarcas como el cardenal Joseph Law, arzobispo de Boston, o de Roger Mahony, arzobispo emérito de Los Ángeles -apenas el 31 de enero-, mientras que en nuestro país guardó embarazoso silencio, pese a las evidencias acumuladas contra Marcial Maciel y su red delictiva. Pero ese fue el signo del papa saliente, contradictorio, omiso y quizás a su pesar, perseguido por el escándalo desde que citó a un emperador bizantino del siglo XIV para afirmar que el islam sólo trajo males al mundo hasta el caso del mayordomo Paolo Gabriele, quien filtró sus documentos privados develando intrigas un Vaticano de intrigas palaciegas y corrupción.
 
Milenario
 
Primer papa alemán en un milenio, el bávaro Ratzinger combatió en las Juventudes Hitlerianas en la Segunda Guerra Mundial y visitó el campo de Auschwitz, para preguntarse por qué dios enmudeció cuando el Holocausto. Pero no tardó en insultar a los fieles hebreos, al anular la excomunión de cuatro obispos tradicionalistas, uno de los cuales niega abiertamente los crímenes nazis. De igual manera expresó su desprecio por el budismo, al tacharlo de 'autoerotismo espiritual'.
 
Opuesto a la ordenación de las mujeres, al matrimonio del mismo sexo, la clonación ('más peligrosa que las armas de exterminio masivo') y el rock ('vehículo de la antireligión'), Benedicto XVI organizó alrededor de Tarcisio Bertone, nombrado secretario de Estado pese a su inexperiencia diplomática, una corte en la que los principales atributos fueron la lealtad y la confianza ciega. Sin embargo, durante el funeral de Juan Pablo II manifestó que la humanidad se mueve hacia la 'dictadura del relativismo, que no reconoce nada como definitivo y que tiene como mayor valor el ego y los deseos propios'.