Opinión

José Luis Cuevas®

30 agosto 2017 5:0
 
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José Luis Cuevas

La polémica desatada por la información difundida sobre la propiedad que la viuda de José Luis Cuevas ostenta sobre su nombre artístico y sus marcas registradas, ha abierto una revisión detallada de estos temas. En este particular caso, la cuestionada relación que Beatriz del Carmen Bazán sostuvo con Cuevas en los años finales de su vida, ventilada públicamente, adereza el tema con toda clase de especulaciones y suspicacias.

El perfil básico de la disertación recae sobre los alcances que es posible asignar a un sistema legal de apropiación de signos distintivos, cuando se trata del nombre de un artista, y más aún, de uno que, como Cuevas, es icónico e influyente, eventualmente más que su propia obra. ¿poseer una marca registrada con su nombre permite erradicar cualquier uso de parte de terceros? ¿el nombre artístico es heredable? ¿como interactúan estos derechos con el derecho de imagen?

El asunto no es privativo de la controversia acerca del nombre de José Luis Cuevas. En otros casos se han transitado litigios como el de Rulfo, o el de la propia Frida Kahlo, en los que la intención de mercantilizarlos ha llevado a disputas desgastantes que han involucrado a los herederos. Esta creciente tendencia a convertir a ciertos artistas y obras en objeto de adoración, es un buen combustible para el otorgamiento de licencias y el cobro de regalías.

Un primer punto que en este tipo de escenarios se debe entender es que controlar una marca registrada otorga limitada exclusividad para distinguir productos o servicios en el mercado; una marca registrada no expropia un término del vocabulario, ni impide que la palabra sea usada con fines distintos a los comerciales. Si una institución organiza una exposición de la obra de Cuevas podrá utilizar su nombre sin restricción; si un cuadro de Cuevas es subastado podrá citarse el nombre como referencia obligada; y si se promueve una mesa redonda para discutir sobre su legado, igualmente el nombre del artista se podrá utilizar sin cortapisas. Suponer lo contrario implica no entender ni la naturaleza, ni los fines de un sistema legal de protección de marcas.

La consecuencia más rescatable de esta nueva polémica es que ha quedado evidenciada la limitación y contradicciones de nuestra legislación, que no ha evolucionado para hacer una adecuada interfase entre la regulación del nombre civil de las personas y sus usos comerciales; y al propio tiempo, la necesidad de revisar la pésima legislación de nombres artísticos, que de manera tan penosa viene aplicando el Instituto Nacional del Derecho de Autor, atropellando derechos de artistas e intérpretes de forma continua, flagrante y censurable. 

Correo: mjalife@jcip.mx

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