Opinión

José Luis Angelino,
el resurgir de un torero

   
1
   

    

José Luis Angelino

Bien dicen que, como en la vida, los triunfos se obtienen en el tercer tercio de la lidia, con muleta en mano y contundencia con el estoque. Así quedó acreditado ayer en la décimo primera corrida de la Temporada Grande en la Plaza México, en la que el tlaxcalteca José Luis Angelino se alzó como el triunfador, tras cortar una oreja a cada uno de sus toros.

En una tarde fría y en la que se registró una mediana entrada en el Coso de Insurgentes, el español Víctor Puerto, José Luis Angelino y Pepe López lidiaron un encierro de De Haro y un toro de San Marcos, que poco se prestaron para el lucimiento debida a su falta de casta, escasa fuerza y embestida difícil.

José Luis Angelino confirmó ser un torero que se entrega cada tarde y que supo conquistar al público de la Plaza México con dos faenas en las que destacó, sin duda, la labor realizada frente a su segundo enemigo.

Con el de De Haro, el tlaxcalteca estuvo bien desde las banderillas, en las que lució con el par del violín, una de las suertes más difíciles en el segundo tercio. Con la muleta, pese a la dificultad de un toro de embestida descompuesta, el matador logró medir bien la distancia y ligar así cuatro tandas de derechazos profundos y templados, en una faena que se vio culminada con manoletinas de excelente factura. Un pinchazo en buen sitio, seguido de una estocada hasta el fondo que no requirió puntilla, lo hicieron acreedor a una segunda oreja que le permitió salir en hombros de la plaza.

Este triunfo contrastó con el escaso lucimiento de los alternantes Víctor Puerto y Pepe López, cuyos astados no reunieron el mínimo de condiciones para expresar ningún tipo de propuesta taurina.

José Tomás, figura sui generis

Mucho se ha escrito acerca de una de las máximas figuras del toreo de nuestros tiempos. Escritores, filósofos y periodistas han tratado de definir el enigma que encierra a la vida y obra de José Tomás, matador de toros de origen español que ha venido a marcar una nueva etapa en la tauromaquia de los siglos XX y XXI.

Una de las definiciones que más se acercan a esta figura originaria de Galapagar es la del filósofo francés Francis Wolff en uno de los textos que forman parte del libro José Tomás, De Nîmes al cielo. El catedrático de la Universidad de París habla del más grande de los toreros, “que reconcilia a los opuestos”. Se refiere a un matador que conjuga la locura y la sapiencia, variado en su repertorio y de depurada ejecución. Lo califica como pletórico y minimalista, dramático pero sereno, clásico e inventivo.

Así es José Tomás, matador que, lejos de las contradicciones, encierra en su forma de interpretar el arte de lidiar, el enigma que muy pocas figuras han alcanzado. Su toreo se caracteriza por el valor, la entrega, la honestidad, el arte y la profundidad. Todo ello bajo un concepto que pocos coletas reúnen, que es el arriesgar la vida cada tarde para alcanzar la verdadera esencia de la tauromaquia.

Reservado en su vida personal, alejado de la farándula que en muchas ocasiones corrompe a las grandes figuras, comprometido con las obras sociales a través de una fundación que lleva su nombre, José Tomás ha alcanzado la estatura suficiente para exigir las condiciones en las que se presenta en una plaza de toros. Una de ellas es el rechazo absoluto a que las corridas en las que se anuncia sean transmitidas por televisión.

Se trata de una polémica decisión que lo ha confrontado con los medios de comunicación, dada su exigencia de cobrar directamente los derechos de imagen y no a través de las empresas taurinas. A esta negativa se le sumó su decisión de reducir al mínimo el número de entrevistas a la prensa, que le ha valido una disputa permanente con distintos informadores de su país de origen.

Ha sido la forma de interpretar el toreo su mejor herramienta para responder a las críticas y ga-narse el sitio de máxima figura de nuestros tiempos. José Tomás es un artista que ha sabido tomar las decisiones correctas en los momentos en los que la vida pone en el camino las bifurcaciones ante las cuales se debe escoger la ruta ideal para llegar a la plenitud a la que todos anhelamos.

Soy Juan de la Lidia. Nos vemos en los tendidos…

También te puede interesar:
JuezPen, el toro de la intolerancia en la Plaza México
Fermín Rivera, la nueva versión del toreo clásico mexicano
Castella, el francés que salvó la tarde