Opinión

Jornada mundial de la juventud

10 febrero 2014 4:45 Última actualización 02 agosto 2013 5:9

 
 
 
Víctor Manuel Pérez Valera
 
 

La jornada mundial de la juventud en Brasil fue un hecho sin precedentes, que rompió todos los records: reunir tres millones de jóvenes, no de 'acarreados', de todas las partes del mundo, en un ambiente de fe y festivo, es algo fuera de serie.
 
 
Incluso el periódico el País, publicación no especialmente religiosa, le dio a este evento amplia cobertura, y le dedicó al menos dos editoriales. Las declaraciones del Papa Francisco dieron la vuelta al mundo, aunque también se dieron algunas tergiversaciones. El Papa Francisco sigue sorprendiendo, no sólo por su cercanía con la gente, sino también por la cercanía de su discurso.
 
 
El principio del viaje papal parecía empezar con un episodio tenso, pero el humorismo del Papa lo suavizó: Valentina Alazraki, 'decana' de los viajes papales le arrojó un guante blanco: se dice en Argentina que los periodistas no son santos de su devoción y el padre Lombardi lo ha traído a la jaula de los leones, aunque no somos tan feroces.
 

El Papa contestó con una amplia sonrisa, dijo que no se le dan las entrevistas, pero después de saludar a los más de 70 reporteros concluyó: “me ha pasado como al profeta Daniel, he visto que los leones no son tan feroces”.
 
 
Bergoglio puso en primer plano, como herramienta importante de la política, el sentido ético y el dialogo constructivo, así como la responsabilidad social de los gobernantes. El pontífice no propugna un régimen de cristiandad, sino un estado laico que propicie “la convivencia pacífica entre las diferentes religiones… que respete y valore la presencia del factor religioso en la sociedad”.
 
 
El Papa Francisco no elude la autocrítica en la Iglesia: los desafíos son grandes, renovación interna y dialogo con el mundo. Una Iglesia que tenga una dimensión misericordiosa, una Iglesia que debe curar las heridas propias y ajenas, que perdona y olvida: no existe otra alternativa. La Iglesia no debe fomentar el clericalismo, los obispos no deberían tener una psicología de príncipes: su acción pastoral tendría que ser desde la revolución de la ternura, conducir al pueblo no “mandonear”. Se debería procurar evitar las homilías “lejanas y abstractas”.
 
 

El mensaje a los jóvenes también fue revolucionario, la experiencia de fe de los jóvenes debe conducir a una participación viva, profunda y festiva. El joven tiene y se le exige audacia: vale la pena gastarse y desgastarse por los grandes ideales. El joven debe ser revolucionario, ir contra la corriente: que se rebele contra la cultura de lo provisional. Utilizando la metáfora del futbol, dijo el Papa que para triunfar es necesario el entrenamiento de la fe, que consiste en la oración, los sacramentos y el servicio a los demás.
 
 
La recompensa es mejor que ganar la copa del mundo: una vida fecunda y feliz, un futuro sin fin… La misión de los jóvenes no tiene fronteras, hay que hacer “lio”, salir a la calle, no encerrarse ni en la Iglesia ni en la sacristía: “llevar el evangelio es llevar la fuerza de Dios para arrancar y arrasar el mal y la violencia, para destruir y demoler las barreras del egoísmo, la intolerancia y el odio, para edificar un mundo nuevo”. También tocó el Papa un punto importante, la reivindicación de la mujer, si no existe una profunda promoción de ella, la Iglesia se queda estéril.
 
 
Sobre el tema de los divorciados y vueltos a casar se prepara un sínodo que estudie a fondo las medidas disciplinarias, y si es posible incorporarlos a la plena comunión con la Iglesia. En fin, estamos viviendo no una época de cambio, sino un cambio de época, en la que debe brotar en todos los ámbitos una nueva primavera.
 
 
En el viaje de regreso a Roma el pontífice contestó durante 84 minutos a 20 preguntas de los periodistas sobre temas de gran actualidad: su relación con Benedicto XVI, el problema de los Vatileaks, la corrupción en la Curia romana y en el banco vaticano, así como su posición ante las tendencias homosexuales. No eludió ninguna pregunta, a todas respondió de modo claro, sencillo, cordial y directo.
 
 
En suma, la jornada mundial de la juventud fue una gran ocasión para que el Papa no sólo enfatizara lo esencial del mensaje evangélico: la opción preferencial por los pobres, sino que también la corroborará con sus acciones al visitar a los enfermos y a los marginados sociales.
 
Profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.