Opinión

OPINIÓN: Jorge Suárez-Vélez llega a EL FINANCIERO


 
 
La reforma energética definirá a la presidencia de Peña Nieto. En entrevista con el diario inglés Financial Times, el presidente habló sobre su propósito de hacer una reforma que 'transforme' a Pemex y permita 'certeza a inversionistas privados', alertando a quienes se oponen al cambio.
 
 
Decir, como lo hace el PRD, que la solución a Pemex es que desaparezca la corrupción es populista o ingenuo. Enfrentamos la mayor disrupción geopolítica en décadas. El epicentro de la generación mundial de energía se trasladará de Medio Oriente a Norteamérica. ¿Queremos ser protagonistas de ésta o simplemente clientes? Estados Unidos será la gran potencia generadora de energía y su envidiable potencial para gasificar su consumo tendrá eventualmente un impacto negativo en el precio del petróleo. Es posible que el precio más afectado sea el de la mezcla mexicana.
 
Pronto, el presidente Obama tendrá que tomar una decisión crucial en su segundo mandato: aprobar o no la construcción del oleoducto Keystone, que llevaría petróleo extraído de arenas bituminosas desde Alberta, Canadá, a varios sitios en Estados Unidos, incluidas las refinerías del Golfo de México que hoy compran petróleo pesado mexicano y venezolano. En un escenario así, acompañado de un entorno mundial de menor crecimiento económico dada la desaceleración inminente de la economía china y el posible fin del relajamiento monetario de Bernanke, el impacto fiscal para México podría ser muy superior al esperado.
 
La frontera geológica de la producción mexicana requerirá de descomunales inversiones. Pemex no tiene la capacidad técnica ni la financiera para afrontarla sola.
 
De hecho, pocas empresas petroleras internacionales cuentan con ambas. Para atraerlas, México compite con otros países. Si queremos que Exxon o Shell tomen riesgo en México, tenemos que poner sobre la mesa condiciones competitivas como las que ofrecen otros países como Noruega o Canadá. El socio natural para esas empresas es el propio Pemex, pues conoce bien la geografía y las condiciones de México, y se vería muy favorecida con la absorción de tecnología implícita en esa alianza.
 
Acotando la oferta del presidente, a las grandes empresas petroleras evidentemente les interesa la certeza jurídica; pero en las concesiones por las que compiten, es justo lo opuesto lo que buscan. Lo que las hace exitosas es su capacidad para manejar riesgo. Les gustan los grandes retos tecnológicos y geológicos, como los que puede presentar nuestro país, porque es en esas circunstancias donde tienen ventajas relativas ante empresas menos sofisticadas y capitalizadas.
 
Afortunadamente, hay infinidad de esquemas en los que operan, compartiendo tanto riesgo o ganancia como quieran sus socios.
 
La posición del PRD asume que Pemex puede solo y que nuestro potencial de producción es un garbanzo de a libra. Están equivocados en ambos frentes. En esta área, como en muchas otras, México tiene que insertarse en un esquema competitivo global, buscando beneficiarse de recursos que, de no venir aquí, tienen múltiples alternativas.
 
Además, recordemos que México tiene una excepcional oportunidad para aprovechar un entorno global, inusualmente complejo, para despegar, sacando provecho del cambio de modelo económico chino, del fin de la moda brasileña en nuestra región y del resurgimiento estadounidense energético y en materia de manufacturas. Pero, en este vertiginoso mundo de hoy, nuestra ventana de oportunidad es mucho más estrecha y efímera de lo que quisiéramos.
 
No hay otra opción más que una reforma energética real y profunda. De hecho, el statu quo sería preferible a una reforma poco ambiciosa que cancelaría por una década la opción de cambios más profundos. La falta de resultados implícita en una reforma a medias alimentaría a la narrativa populista de izquierda. No esperemos a que sea una caída en los precios del petróleo la que nos fuerce a actuar, seguramente, demasiado tarde.
 
El columnista es Socio Fundador de SP Family Office en Nueva York y autor del libro 'Ahora o nunca, la gran oportunidad de México para crecer'.