Todo se vale
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Todo se vale

03/09/2018
Actualización 03/09/2018 - 14:36

Durante décadas, fui testigo de procesos electorales en México. Cuando aún dependían de la Secretaría de Gobernación, casi siempre con resultados del todo predecibles, ya sea por la votación misma, o por la intervención ilegítima de las autoridades. Luego llegó el IFE, una nueva ley electoral, y empezó el accidentado tránsito a un proceso electoral confiable. Ahora con el INE y el TRIFE, es obvio que no hemos llegado a la meta, pero por lo menos se puede afirmar que ha mejorado el sistema. Hoy resulta imposible recurrir a las mapacherías de antaño, aunque nuestros operadores políticos siguen siendo creativos, buscando nuevas formas de sacar ventajas indebidas, como se vio con el muy original esquema del fideicomiso que utilizó Morena para fondear sus campañas.

En otros tiempos, veíamos al proceso electoral de Estados Unidos con cierta envidia, suspirando por tener aquí la confianza que tenían allá en sus resultados. Esos tiempos se acabaron con la elección presidencial de 2016 en Estados Unidos.

Actualmente, la tendencia de nuestros vecinos es culpar la sobradamente probada intervención rusa en el ámbito electoral; pero las cosas van más allá. Cierto, los rusos intervinieron, pero para el éxito logrado, fue necesaria la colaboración de los interesados. Si olvidamos el tema jurídico, con la simple existencia de la reunión en la Torre Trump con funcionarios rusos y los más altos funcionarios de la campaña de Trump es suficiente, para cualquier observador desinteresado, concluir que, dado que los rusos tenían información benéfica para su campaña, les abrieron la puerta para intervenir. Es el tema de investigación de Robert Mueller, y se sabrá qué pasó cuando se conozca su informe.

El problema que ahora enfrenta EU es el escenario electoral para 2018. Los republicanos saben que se les viene la noche. Todas las encuestas y todos los resultados de elecciones especiales del último año apuntan a una victoria más o menos amplia de los demócratas en las elecciones intermedias del 6 de noviembre, y si toman ese control, la fiesta se acabó para los republicanos. Ese control implica la mayoría y la presidencia de todos los comités de la Cámara baja, que expedirán docenas de citatorios a funcionarios de la administración actual, para investigar sus poco ortodoxas prácticas administrativas, junto con el muy cuestionable sentido de la ética en el servicio público que hasta ahora han exhibido.

Total, después de los rusos, ya todo se vale: Abigail Spanberger es la candidata del Partido Demócrata al distrito 7 del estado de Virginia a la Cámara de Representantes. A pesar de ser una zona tradicionalmente republicana, Spanberger, una exagente de la CIA, se convirtió en una amenaza real para el republicano David Brat, quien busca la reelección. La campaña de Brat, usando sus contactos con la administración Trump, y de acuerdo a los requisitos de la libertad de información, pidió el expediente donde Spanger solicitaba acceso a información confidencial para su trabajo en la CIA. Esos cuestionarios son exhaustivos, y contienen todo tipo de información personal, como historial clínico, listas de conocidos y familiares, y detalles de su vida íntima. Es ilegal diseminar esa información, sobre todo cuando el objetivo es usarla para atacar políticamente a un candidato. Pero en sólo tres semanas, la campaña de Brat obtuvo el expediente completo. El servicio postal de los Estados Unidos, que fue la agencia que respondió a la solicitud, ofreció disculpas, y dijo que había sido un “error humano”; pero advirtió que no era el único caso, así que el Partido Demócrata tuvo que mandar una alerta a sus candidatos que han llenado esos formularios (y que son varios) que su información está comprometida.

En otros tiempos, el Partido Republicano se hubiera deslindado del asunto, y habría renunciado a usar ese material para sus campañas. ¿Pero ahora? Ahora, “lo caido, caido” y háganle como quieran.

Con todo, no se ve la forma en que los republicanos puedan detener la ola azul de noviembre.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.