Populismo y terrorismo
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Populismo y terrorismo

28/05/2018
Actualización 28/05/2018 - 14:19

El arte del liderazgo es saber decir no: Tony Blair .

Pocas figuras políticas de nuestros tiempos han logrado la popularidad y apoyo masivo que tuvo Tony Blair, el primer ministro de la Gran Bretaña de 1997 a 2007. Joven (44 años), carismático, agudamente inteligente, cambió el rostro del Partido Laborista de su país, mientras difundía una visión esperanzadora como respuesta al desencanto de la última etapa del legado de Margaret Thatcher.

Entre sus indudables logros, consiguió avances notables en la relación con Irlanda del Norte, Escocia y Gales, y el entorno económico mundial de la época, que no presentó crisis graves, le permitió incidir con fuerza inesperada en el escenario geopolítico del momento. Su alianza y amistad con el entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, le permitió influir en la decisión de derrumbar al régimen de Slobodan Milosevic en la ex-Yugoslavia a través de los bombardeos y la intervención de la OTAN en la región, y acabar con la última esfera de influencia rusa en la, ya para entonces aislada, Serbia.

Con el cambio de siglo, el éxito político dejó de sonreírle a Tony Blair. Mantuvo su alianza inquebrantable con Estados Unidos, pero con un nuevo presidente, George W. Bush. Los acontecimientos trágicos del 11 de septiembre de 2001 moldearon la política exterior de la nueva administración Bush, y Tony Blair continuó su incuestionado apoyo, aceptando el mito de las armas de destrucción masiva de Saddam Hussein, que terminaron con la toma de Bagdad por las tropas aliadas.

Al saberse el engaño de las famosas armas de destrucción masiva, los británicos se indignaron por el papel de servilismo protagonizado por su líder, la popularidad de Blair se derrumbó y perdió las elecciones de 2007 y con ellas el control del partido laborista.

Tony Blair ahora se dedica a su fundación, a través de la cual busca atender problemas globales, como el terrorismo.

Todo esto viene a cuento porque más allá de los vaivenes de la política, Blair es un hombre agudamente inteligente, y su visión sobre las tendencias actuales es de tomarse en cuenta.

En una entrevista reciente, realizada por Fareed Zakaria, de CNN, Blair habló sobre el populismo que parece expandirse en el mundo occidental. El caldo de cultivo del populismo, dice Blair, es la polarización. Define a los líderes populistas como aquellos que estimulan el aislacionismo y el nativismo, abriendo brechas sociales. Tienen éxito, dice Blair, porque los gobiernos liberales tradicionales no han sabido tender los puentes adecuados para salvar esas brechas.

El peligro que ve Blair es que, cuando los populistas llegan al poder y no pueden cumplir sus promesas, tienden a doblar la apuesta y convertirse en gobiernos autoritarios, reforzando los conceptos tribales aislacionistas, y provocando enfrentamientos entre grandes sectores sociales. El secreto para mantener el poder es mantener esas divisiones reforzando continuamente la idea de “nosotros contra ellos”.

Respecto al terrorismo, Blair advirtió que se equivocan quienes piensan que Al-Qaeda está desmantelado. “Su actividad e influencia en el conflicto de Yemen, es innegable”, dice Blair, y aunque internacionalmente parece eclipsado por ISIS, no quiere decir que ya no sean peligrosos.

“La situación, sin embargo, está cambiando”, agrega Blair. “Son cada vez más amplios los sectores islámicos que piensan que estos grupos están usando su religión de una manera perversa, que finalmente no logrará sus fines”, concluye Blair. Ojalá tenga razón, aunque el fanatismo no se reduce sólo al tema religioso. El mismo populismo al que se refería Blair tiende a fanatizar a sus militantes hasta el punto de quiebre, como lo demuestran varios ejemplos.

Es claro que el autoritarismo se ha vuelto una opción atractiva para una parte importante del mundo occidental. Coincido con Tony Blair en que el futuro de esta tendencia depende de la fortaleza institucional para que, en caso de iniciar el experimento populista, haya opciones de dar marcha atrás si no funciona, sin que haya una ruptura total del tejido social. Venezuela dixit.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.