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Lo que viene

28/12/2017
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Trump
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A riesgo de que ocurra algo cataclísmico en los últimos tres días de 2017, es momento de aventurarse a reflexionar lo que nos trajo este año y, más importante aún, lo que presagia para 2018.

Comenzamos en enero con la toma de posesión de Donald J. Trump como el presidente número 45 de Estados Unidos (EU). Y si bien muchos piensan que ha logrado poco en este primer año, lo cierto es que ha puesto de cabeza a su país, y al mundo entero de paso.

Opacado por los escándalos de sus lazos con Rusia y el caótico caminar diario de la operación política en la Casa Blanca, Trump ha avanzado con paso seguro en el desmantelamiento de las instituciones y redes de protección social que definían a su país. Es el primer caso en la historia de EU que un presidente, arropado en una manta de propaganda incendiaria, populista y falsa, usa su posición para enriquecer a su familia, a sus amigos, y en primerísimo lugar, a él mismo. Lo dijo con absoluto cinismo a sus comensales en una fiesta de fin de año en Mar-a-Lago: “Los acabo de hacer mucho más ricos”, hablando entre risas de su reforma fiscal, que en público, había descrito como perjudicial para sus finanzas personales. Lo cierto es que él y su familia se ahorrarán unos mil millones de dólares en impuestos.

La gran interrogante para 2018 es si las instituciones estadounidenses podrán resistir los embates trumpianos de lo que Steve Bannon, su filósofo de cabecera, llamó “la deconstrucción (sic) del Estado administrativo”. Y sí que lo han 'deconstruido'.

El Departamento de Estado, antes el brazo fuerte de la política exterior de Estados Unidos, está prácticamente desmantelado. A los más altos niveles hay vacantes en todas las subsecretarías, y el aparato diplomático del país está destruido, ante las renuncias de toda una generación de funcionarios de carrera en el servicio exterior. El desconcierto en el mundo es mayúsculo. Ya los gobiernos no saben a quién llamar para lidiar con los problemas diarios, y si a alguien encuentran, ya no saben si creerle.

En salud, Obamacare ha sido dinamitado desde varios frentes, sin una alternativa viable. 13 millones de ciudadanos perderán su seguro médico y los que lo conserven pagarán primas mucho más altas.

El medio ambiente es otra víctima de Trump. Al frente de la Agencia para la Protección del Medio Ambiente está Tom Price, un tipo que en el pasado presentó varias demandas contra la institución, y cuyas políticas han consistido en eliminar todo reglamento que estorbe a las grandes empresas contaminantes.

Su lucha contra el Estado de derecho también le ha rendido frutos. Colocó al superconservador Neil Gorsuch en la Suprema Corte, y ha retacado las cortes federales de jueces conservadores. Sus ataques al Poder Judicial y a su propio Departamento de Justicia vía Twitter, son parte de su campaña para lograr imponer su voluntad por sobre la ley.

Y hay más. Abandonó a Puerto Rico, enfureció al mundo árabe al reconocer a Jerusalén como capital de Israel, trata de debilitar y amenaza a la ONU si no se apega a sus deseos, siembra odios raciales, arremete contra sus aliados de la OTAN, pero nunca contra Rusia y, tal vez lo más importante, miente. Miente una y otra vez, sobre todo y todos. Los diarios en EU llevan la cuenta de las falsedades que dice en público, y ya rebasó cómodamente las mil.

La escena está puesta para un 2018 turbulento en EU. La resistencia a Trump es cada vez más grande, pero no alcanza a tocar a 35 por ciento del país que forma su base. A los republicanos en el Congreso les da pánico enfrentarlo, así que la vía de la destitución está prácticamente cerrada hasta noviembre, cuando se renueve la Cámara baja y un tercio del Senado. Por ahora, las encuestas apuntan a un triunfo amplio de los demócratas, pero falta casi un año.

Por otra parte, está la investigación de Robert Mueller. El fiscal es especialmente hermético, como tiene que serlo, y no se sabe hasta dónde van sus pesquisas, pero la Casa Blanca está preocupada, y mucho. Si Mueller destapa los trastupijes financieros en el pasado de Trump, que sin duda involucran intereses rusos, y si fracasa la campaña de desprestigio que Trump y sus aliados han orquestado en su contra, podría derrumbarse el castillo de naipes. Así las cosas allá. Acá, la historia será otra, pero igual de incierta.

En todo caso, ¡Feliz Año Nuevo!

Twitter: @jorgeberry

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.