La diplomacia AMLO
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La diplomacia AMLO

05/07/2018
Actualización 05/07/2018 - 9:30

No es fácil el escenario político internacional que le tocará enfrentar a Andrés Manuel López Obrador, próximo presidente de México. Gran parte de la atención se centra en la estrategia que adopte en torno a la relación de su gobierno con Donald Trump, presidente de Estados Unidos, pero esa misma estrategia impactará de manera directa las relaciones de México con otros países del mundo.

Al día siguiente de su victoria, AMLO sostuvo una conversación telefónica de media hora con Trump, que no presagia nada bueno. Llamó poderosamente la atención, y fue confirmado por ambos personajes, que se flotó la idea de llegar a un acuerdo bilateral incluyente, que abarque temas fronterizos, de seguridad y de ayuda para el desarrollo de México. Imagino la reacción del primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien fue de los primeros en felicitar y llamar a López Obrador. En un comunicado oficial, Trudeau confirmó que habló con AMLO sobre la creación de empleos en ambos países, y puso como ejemplo de la salud de la relación las metas comunes de México y Canadá en la renegociación del TLCAN; así que la noticia de la disposición de México a negociar un arreglo bilateral con Estados Unidos, en un momento de tensión política y enfrentamiento comercial entre Canadá y EU, es, por decir lo menos, un desatino diplomático.

Es claro que López Obrador no estaba preparado para sutilezas diplomáticas a unas horas de su triunfo. Sus prioridades, por el momento y justificadamente, son otras. Pero era previsible que recibiera llamadas de jefes de Estado, sobre todo de nuestros socios más cercanos. Desconozco si estuvo acompañado por alguien de su equipo de relaciones exteriores, ya sea Héctor Vasconcelos o Marcelo Ebrard, pero si así fue, aún peor.

He publicado que me parece que Trump y AMLO tendrán una buena relación personal, porque comparten ciertas posturas en cuanto a su visión del mundo. Es cada vez más clara y dramática la distancia que Trump está tomando de sus antes aliados más cercanos. Parece estar cómodo con la idea de desmantelar la OTAN, retirar sus tropas de Alemania, Siria y muchos otros países, retornando a la política aislacionista que tanto perjudicó al orden económico mundial después de la Primera Guerra Mundial, y que condujo a la gran depresión de 1929, y a la postre, a la Segunda Guerra Mundial. Algunos pronunciamientos de AMLO en campaña indican cierta afinidad con esa postura. Dijo AMLO que reafirmará la Doctrina Estrada en relaciones exteriores, que básicamente dice que México no adoptará posición alguna en temas internacionales. Es cada vez más difícil, en un entorno globalizado, permanecer neutral en temas que afectan el comercio internacional, o ante flagrantes violaciones a los derechos humanos en otros países.

Tampoco es posible sostener que “sólo consumiremos lo que el país produce”. Ningún país produce todo lo que consume, y por eso existe el comercio exterior que, dicho sea de paso, ha sido un importante motor de desarrollo en México.

En estos temas es esencial un equipo de colaboradores profesionales, que asesore a AMLO en decisiones enormemente trascendentes para el país. Comercio exterior es un tema que Carlos Urzúa, el próximo secretario de Hacienda, entiende perfectamente y sabrá aconsejar al virtual presidente electo para no alterar una ecuación que le ha funcionado de maravilla a México.

En cuanto a diplomacia, tengo mis dudas. El embajador Vasconcelos, si bien tiene experiencia en el servicio exterior (fue embajador en Dinamarca, Noruega e Islandia y estudió relaciones internacionales en Harvard con un doctorado en Oxford) no es un diplomático de carrera, y sus actividades profesionales más bien han sido en el ámbito cultural, en especial la música. Marcelo Ebrard, por su parte, fue subsecretario de relaciones exteriores durante unas semanas, en el breve paso de Manuel Camacho por esa secretaría. Podría haber cambios en este equipo. Esto apenas comienza.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.