La confirmación de Kavanaugh
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La confirmación de Kavanaugh

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La confirmación de Kavanaugh

12/07/2018
Actualización 12/07/2018 - 13:30

Dure lo que dure, lo más perdurable de la presidencia de Donald Trump en Estados Unidos serán sus nombramientos a la Suprema Corte de Justicia. Ya colocó ahí a Neil Gorsuch, de sólidas credenciales conservadoras. Y ante el retiro del magistrado Anthony Kennedy, el lunes Trump nominó al juez Brett Kavanaugh para tomar su lugar. Kavanaugh tiene 53 años y el puesto es vitalicio, por lo que podría servir entre 20 y 30 años, determinando el rumbo de la Corte y la jurisprudencia estadounidense por más de una generación.

Kavanaugh tiene que pasar por el proceso de confirmación en el Senado y, a pesar de existir una pequeña mayoría republicana, no será un proceso fácil. La trayectoria profesional de Kavanaugh será revisada exhaustivamente por los demócratas, que harán lo que esté a su alcance para descarrilarlo, y hay mucha materia.

En tiempos de Bill Clinton, Kavanaugh trabajó para el fiscal especial Ken Starr, encargado de investigar los escándalos de Whitewater y Mónica Lewinsky, y redactó buena parte del informe que terminó siendo base para el proceso de revocación de mandato al que fue sujeto el presidente Clinton, y que finalmente sobrevivió. Luego, fue el abogado de la Casa Blanca en tiempos de George W. Bush, quien lo nominó como juez del distrito de apelaciones. Tampoco entonces la tuvo fácil Kavanaugh: su confirmación estuvo atorada tres años en el Senado, hasta que finalmente la consiguió. Desde entonces, hace 12 años, ha sido juez de apelaciones en el distrito de Columbia con sede en Washington, donde ha escrito unas 200 opiniones en diversos casos. Todo este cúmulo de documentos, incluidos los que redactó desde la Casa Blanca, serán objeto de intenso escrutinio.

¿Por qué lo nominó Trump? El juez le viene como el arroz a los frijoles al presidente. Por una parte, sus credenciales jurídicas y conservadoras son impecables. Pero eso a Trump le da igual. Había otros candidatos igualmente conservadores, y menos complicados para que los republicanos en el Senado los confirmaran; pero Kavanaugh tiene algo único para los intereses de Trump. En 2012, Kavanaugh publicó un artículo donde expresa la necesidad de que el Congreso legisle para otorgarle al presidente (el que sea) inmunidad procesal tanto civil como criminal mientras ocupe el puesto, pues argumenta que es imposible que un presidente cumpla sus obligaciones constitucionales mientras es sujeto a proceso.

El concepto le encanta a Trump. Es perfectamente posible, y hasta probable, que varios temas relacionados con la investigación de Robert Mueller sobre el presidente Trump acaben en la Suprema Corte. No hay legislación ni precedente en vigor sobre la posibilidad de que un presidente sea formalmente acusado de un crimen, ni si se le puede ordenar presentarse a declarar en demandas civiles o penales. Tampoco está establecido si un presidente puede indultarse a sí mismo, o si puede usar el indulto de otros para obstruir una investigación.

Los demócratas en el Senado argumentarán que es imposible permitir que un presidente bajo investigación nombre a un juez que probablemente decida sobre su caso. Pero eso no basta si los republicanos votan en bloque. La mejor opción demócrata es convencer a algún republicano de votar en contra de Kavanaugh. Son vulnerables las dos senadoras republicanas, Lisa Murkowski, de Alaska y Susan Collins, de Maine, que difícilmente podrán justificar un voto favorable para un juez opuesto al derecho de la mujer para decidir. Pero además, los demócratas tienen que votar en bloque, y hay varios senadores demócratas en distritos republicanos que buscan la reelección, y a quienes les resultaría muy peligroso votar en contra de la nominación de Kavanaugh.

Las audiencias de confirmación de Kavanaugh en el Senado serán épicas.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.