Historia de éxito
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Historia de éxito

21/06/2018
Actualización 21/06/2018 - 14:36

La península de Corea quedó oficialmente dividida en 1949, luego de que las tropas de Estados Unidos y la Unión Soviética dieron por terminada su ocupación posterior a la Segunda Guerra Mundial. En el norte, los soviéticos dejaron como herencia un régimen comunista, totalitario encabezado por Kim Il-sung, abuelo del actual dictador. En el sur, que incluía la capital histórica de Seúl, quedó al frente, luego de elecciones auspiciadas por Naciones Unidas, Syngman Rhee, primero de los presidentes electos por la vía democrática.

Ni el norte ni el sur reconocían la existencia de su vecino. Ambos líderes decían encabezar el gobierno legítimo de Corea. La situación hizo crisis en 1950, cuando Kim desató una invasión militar contra el sur, ya en plena Guerra Fría. Estados Unidos organizó una coalición de países occidentales y bajo el mandato de Naciones Unidas envió tropas a Corea para repeler el ataque de Kim, quien había viajado a Moscú y Beijing, y tenía el compromiso de recibir apoyo y armamento de Stalin y de Mao.

La guerra tuvo vaivenes; el factor sorpresa ayudó a Corea del Norte al principio, y casi toman la península completa. Luego llegó el general Douglas McArthur con las tropas de Estados Unidos e inclinó la balanza para el sur, hasta que, de manera sorpresiva, intervino China y detuvo los avances aliados. Por fin, el cese el fuego se produjo en julio de 1953 y se creó la zona desmilitarizada en el paralelo 38, que ha servido como frontera entre las Coreas desde entonces. En total, la guerra de Corea costó dos y medio millones de vidas e incontables heridos y desaparecidos. Apenas este año se llegó a un acuerdo entre los dos gobiernos para firmar la paz.

En julio de 1953, al terminar la guerra, ambas Coreas quedaron devastadas, en todos sentidos. Las bajas fueron enormes, la infraestructura de ambos países prácticamente desapareció, la economía quedó congelada y las perspectivas a futuro eran desalentadoras. Empezó la historia de tres sistemas.

En México, a estas alturas, Adolfo Ruíz Cortines había relevado a Miguel Alemán en la presidencia de la república. Nuestro ingreso per cápita superaba por mucho el de las Coreas, se construía infraestructura y el desarrollo del país estaba a la vista.

Corea del Sur, como resultado del modelo educativo y políticas de estímulo económico, nos rebasó en un abrir y cerrar de ojos. En 65 años desde que terminó la guerra, lograron construir un país próspero, económicamente sano, con una distribución de la riqueza más que aceptable y con amplia movilidad social. Con todo y que, como México, Corea del Sur ha padecido un problema grave de corrupción, tanto gubernamental como privada (hay expresidentes surcoreanos en la cárcel), lo han podido superar de manera que no afecte las circunstancias de la sociedad en general. Corea del Sur tiene, además, una tradición democrática liberal desde que acabó la guerra.

En Corea del Norte pasó todo lo contrario. Kim Jong-il, con el apoyo sino-soviético, creó una dictadura autoritaria y familiar, cuya economía depende enteramente de sus socios. El país sufrió enormidades cuando se desmoronó la Unión Soviética y perdieron esos subsidios, y su único logro es el desarrollo de armas nucleares. Gran parte de la población vive en condiciones de pobreza, sin servicios, sin esperanza y con el constante miedo de caer en manos de las fuerzas de seguridad del Estado e ir a parar a un campo de trabajos forzados para morir exhaustos. Así han gobernado tres generaciones de los Kim.

México, mientras, vivió todo ese tiempo la 'dictadura perfecta' de la que habló el escritor Mario Vargas Llosa. Gobiernos del PRI iban y venían sostenidos por políticas asistencialistas, apuntaladas en una vasta red de corrupción. Pero el avance del país quedó atorado, la educación y otros sectores congelados por intereses sindicales solapados desde el gobierno, y el desarrollo prometido no se logró ni con las reservas petroleras.

Estos son los hechos. Vale la pena tomarlos en cuenta a la hora de decidir el voto del 1 de julio. Y a Corea del Sur, ojalá que aunque sea sólo en futbol, les ganemos una.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.