Ebrard: Tejer Fino
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Ebrard: Tejer Fino

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Ebrard: Tejer Fino

04/10/2018

La posición geográfica de México no ayuda. Llevamos más de un siglo de enfrentar una relación accidentada, y casi nunca exitosa con Estados Unidos de América. Nos ha costado vidas, territorio y autoestima como país. Pero de nada sirve lamentarse del pasado. Lo ocurrido ya no se puede borrar, y parte del cambio que promete el presidente electo Andrés Manuel López Obrador es sentar las bases de una relación que se traduzca en beneficios tangibles para los mexicanos.

Por ello, el reto que enfrentará Marcelo Ebrard al frente de la Secretaría de Relaciones Exteriores es mayúsculo.

Empecemos por reconocer que la relación con EU es, por mucho, la más importante que hay para México. La gran cantidad de ciudadanos de nuestro país que vive en Estados Unidos, obliga al gobierno mexicano a poner todo lo que está de su parte para proteger esos intereses, y no sólo porque la obligación primaria de un gobierno es defender a sus ciudadanos. Hay un elemento económico importantísimo que se llama remesas. Son miles de familias mexicanas las que dependen del giro postal que les llega de Chicago, Los Angeles o San Antonio para sostener a sus hogares, y que sin esos ingresos irían directo a las listas de pobreza o hasta pobreza extrema.

Está también el ingreso que representa el turismo de EU a México, que es otra de las fuentes importantes de ingresos para la economía mexicana, y que ponemos continuamente en riesgo al no poder solucionar los cada vez más graves problemas de inseguridad.

Esa inseguridad también toca a la inversión extranjera directa. Con la firma, y probable ratificación del nuevo Tratado de Libre Comercio, rebautizado como USMCA (¿acabaremos llamándole USMECA?) se crea campo fértil para que las empresas busquen invertir, pero uno de los elementos que con creces se vuelve factor, es la inseguridad, tanto para los ejecutivos extranjeros, como para les empresas que requieren sistemas de transporte seguros.

Ahora, además, hay que integrar a la ecuación un clima político de alta volatilidad e incertidumbre en Estados Unidos.

Cuando en la campaña presidencial de EU el presidente Peña cometió el grave error de entrometerse en ese proceso al invitar a Donald Trump a Los Pinos, no sólo fortaleció la campaña de un candidato, sino que perjudicó a Hillary Clinton y a los demócratas, y eso no se olvida. Esta semana, con la firma del tratado comercial, intencionalmente o no, Trump recibe otro espaldarazo del gobierno de México, que algún efecto tendrá en las elecciones intermedias de noviembre en EU.

Dados los comentarios públicos de Trump sobre AMLO, hasta ahora positivos, las llamadas telefónicas, la invitación a Trump para la toma de posesión, habrá muchos demócratas (demasiados) que piensen que los intereses de México están ligados a los de Trump, y eso el altamente peligroso.

La situación política en Estados Unidos es, como pocas veces, muy inestable. Peor aún: el país está totalmente polarizado por un presidente que opera bajo la premisa de que si no eres mi amigo, eres mi enemigo, y así se están comportando demócratas y republicanos. Pero gran parte del país, sobre todo las mujeres, encuentran a Trump repulsivo, y así votarán en las elecciones intermedias. Las encuestas ponen a los demócratas muy, pero muy arriba de los republicanos, al punto que parece inevitable que habrá mayoría demócrata en la Cámara de Representantes, por lo menos.

Es aquí donde Marcelo Ebrard tendrá que tejer muy fino. La diplomacia mexicana debe formar lazos con los demócratas locales en los estados fronterizos, para empezar. También debe acercarse a los liderazgos nacionales demócratas, pero con discreción y prudencia, sin desatar la ira trumpiana. El caos que desatará un triunfo demócrata en EU tendrá consecuencias imprevisibles.

Dicen que a río revuelto, ganancia de pescadores. Ese desenlace es más fácil, cuando hay buena relación con el agua, y con los peces.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.