Diplomacia en Venta
ESCRIBE LA BÚSQUEDA Y PRESIONA ENTER

Diplomacia en Venta

COMPARTIR

···

Diplomacia en Venta

21/05/2018
Actualización 21/05/2018 - 15:15

Cuando Donald Trump asumió el poder en enero de 2017, todo su país esperaba que, como tradicionalmente hacen los presidentes en Estados Unidos, cortara los lazos con sus negocios para evitar cualquier conflicto de interés. Dijo que pondría a sus hijos Don Jr. y Eric a manejar el día a día, pero mantuvo su posición financiera en la empresa Trump argumentando que, constitucionalmente, ni él ni el vicepresidente están sujetos a las reglas de conflicto de interés. Esto es cierto, aunque la ley contiene una “cláusula de emolumentos” que prohíbe al mandatario obtener recursos de cualquier país extranjero a través de sus negocios. Hay una demanda civil en curso presentada por los hoteleros de Washington que acusan a Trump de violar esta cláusula por el hotel Trump, que recibe a miles de extranjeros al año, incluyendo funcionarios y diplomáticos de diversos países.

Si lo anterior huele a corrupción, añada usted el nepotismo. Tanto Ivanka, la hija de Trump, como su marido, Jared Kushner, son asesores presidenciales en la Casa Blanca. Kushner en particular, recibió la cartera del Medio Oriente. Ahí comenzó una historia difícil de creer.

Qatar es un minúsculo, pero inmensamente rico emirato árabe. Además es un aliado tradicional de Estados Unidos y hogar del comando central aéreo de la región, con una base militar de varios miles de elementos. Charles Kushner, padre de Jared, quien estuvo en la cárcel por fraude, visitó al emir de Qatar a principios de 2017. Le propuso invertir en un desarrollo inmobiliario en el 666 de la 5ª. Avenida en Nueva York. Esta propiedad fue adquirida por los Kushner y amenaza con hacerlos quebrar si se vence el plazo de uno de los préstamos con los que la compraron. Los Kushner tienen que pagar mil 200 millones de dólares en febrero de 2019, y las rentas del edificio sólo les dejan la mitad del pago mensual hipotecario, así que están en crisis.

El problema es que el emir de Qatar dijo que no le interesaba la inversión, y papá Kushner regresó a Nueva York con las manos vacías.

Mientras tanto, por motivos que no viene al caso explicar aquí, Arabia Saudita y sus aliados de la región acusaron a Qatar de financiar al terrorismo (falso) e implementaron un bloqueo económico sobre la pequeña nación. Antes de que Qatar pudiera pedir ayuda a su socio tradicional, vino el implacable pronunciamiento de Estados Unidos, condenando a Qatar por terrorismo, y apoyando el bloqueo de Arabia Saudita. ¿Por qué? Ni el Departamento de Estado lo sabía, ni se lo explicaba. Sólo cumplieron órdenes. El que sí sabía era el emir de Qatar.

Empezaron las negociaciones en lo oscurito. Repentinamente, Qatar anunció que, contrariamente a lo ya pactado, no cooperaría con la investigación de Robert Mueller sobre la interferencia rusa en las elecciones. Mueller estaba interesado en seguir la pista de fondos foráneos en la campaña de Trump.

Unos meses después, con todo sigilo, papá Kushner hizo otra visita al emir. No sabemos de qué hablaron, pero la semana pasada llegó el emir a la Casa Blanca, donde lo recibió Trump, habló maravillas de la alianza entre los dos países y le dio un terminante “¡Ya basta de bloqueo!” (literal) a Arabia Saudita.

Seguramente por mera casualidad, también la semana pasada se anunció que Propiedades Brookfield entra al quite y asume la propiedad del número 666 de la 5ª Avenida. ¿El segundo accionista de Brookfield? Sí. Un fondo de recursos del gobierno de Qatar que será el inversionista único.

Este detalle, además de Ivanka y las licencias de sus productos en China. Y además de los 500 millones de dólares que invirtió China en el proyecto Trump de Indonesia a cambio de levantar las sanciones contra ZTE, la telefónica china, que pone en riesgo la seguridad cibernética de Estados Unidos.

¿Y nosotros nos quejamos de corrupción? Aquí es un juego de niños. Lo que está haciendo Donald Trump en Estados Unidos es corrupción, pero en grande, y con un cinismo tal, que está a la vista de todos.

¿Alguien lo detendrá?

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.