Cierran la Puerta
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Cierran la Puerta

25/06/2018

El tema de la migración, después de años de estarse gestando, hizo explosión en el escenario mundial. Tiene aristas económicas, pero sobre todo, xenófobas y discriminatorias; y es parte del discurso populista internacional, que sigue cobrando fuerza.

En Italia, el nuevo primer ministro Giuseppe Conte, quien llegó al poder bajo una plataforma nacionalista, impidió la llegada de una embarcación cargada con 630 migrantes que fueron rescatados cerca de las costas de Libia hace 10 días. El “Aquarius”, la embarcación, tampoco pudo atracar en Malta. Finalmente, salió al rescate Pedro Sánchez, presidente del gobierno español, y permitió el arribo del barco al puerto de Valencia. Mientras tanto, en Alemania, Ángela Merkel enfrenta una sublevación de su propio ministro del interior, quien le informó que de no exponer un plan migratorio coherente, cerrará unilateralmente las fronteras. Finalmente, los gobiernos de Francia e Italia se trenzaron en una batalla de críticas mutuas, que provocó se convocara a una mini-cumbre sobre inmigración en la Unión Europea.

A todos los grandes jugadores geopolíticos les importa el tema. Gran parte de la motivación para China de ejercer presión sobre Kim Jong-un, el dictador norcoreano, para que se pacifiquen las cosas entre las Coreas, es que sabe que una guerra produciría una migración masiva de norcoreanos a China, y no es algo que el presidente Xi quiera enfrentar.

Pero los reflectores de los medios mundiales se centraron en los Estados Unidos, por la ya famosa política de la “tolerancia cero” que aplicó Donald Trump en su frontera sur, y que desembocó en la separación forzada de las familias migrantes. Las imágenes de los niños, algunos de apenas meses de edad, encerrados en jaulas y sollozando por la ausencia de sus padres, provocó la ira nacional en Estados Unidos, hasta el punto en que Trump se vio obligado, muy contra su voluntad, a firmar una orden ejecutiva para preservar la unidad familiar de los migrantes, principalmente centroamericanos.

En cualquier parte del mundo, el ingreso súbito de grandes grupos de refugiados causa sobresalto; es la naturaleza humana. El problema viene cuando, en vez de buscar maneras benéficas de asimilar a los inmigrantes, dándoles un trato humano y aprovechando lo que puedan aportar, los políticos populistas usan el tema como una amenaza para estimular el miedo entre su población, que rápidamente se convierte en odio, y que acaba por envenenar el proceso de integración.

La otra solución al problema de los refugiados es, por supuesto, atacar las causas de origen que producen los movimientos migratorios. Para que una persona o familia tome la decisión de abandonar su tierra, su gente y su entorno, se requiere que haya una situación verdaderamente desesperada. No son tontos; saben que enfrentarán peligros enormes y reales si deciden migrar, ya sea de África, Medio Oriente o Centroamérica, peligros que les puede costar hasta la vida. Aun así, deciden tomar el riesgo, y lanzarse a la aventura.

En el caso particular de nuestro continente, alguna vez me dijo un diplomático estadunidense, que su país había olvidado a América Latina, y que algún día tendría que pagar el costo. Ese día ya llegó. Si Estados Unidos hubiera adoptado una política inteligente en América Central, si hubiera buscado el desarrollo económico de la zona, tal vez no se habría producido el vacío que ahora han llenado las bandas del crimen organizado y que provocan la salida masiva de su población.

Los números dicen que la migración mexicana hacia el norte se ha detenido, y que ya regresan más de los que se van. Pero eso puede cambiar rápidamente si continúa el avance salvaje del crimen organizado en México. Cada vez más, hay zonas del país donde el único gobierno que opera es el del narco. El asesinato masivo de candidatos y políticos indica claramente que las organizaciones criminales han decidido buscar el poder político, y lo están logrando.

El mayor reto que enfrentará el nuevo gobierno, sea quien sea el ganador el 1 de julio, es detener el avance del crimen organizado, y empezar a recuperar control del territorio nacional. Para ello, aunque nos duela, tenemos que echar mano de todas las armas a disposición del gobierno, y eso incluye la ayuda de Estados Unidos. No sirve envolvernos en el discurso de la soberanía. Hay que parar esta masacre, como sea.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.