Opinión

Jones arriba a la Bengazi de las milicias islámicas


 
Una diplomática y académica para uno de los puestos más peligrosos del servicio exterior. A 6 meses del homicidio del embajador Christopher Stevens -todavía sin aclararse del todo- en Bengazi, la segunda ciudad libia y polvorín de las milicias islámicas que pululan en el país del Magreb, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, nombró a Deborah K. Jones como representante en Trípoli.
 
El asesinato de Stevens, en el emblemático 11 de septiembre de 2012, puso de manifiesto la realidad de la 'nueva Libia', que se sacudió al largo régimen del coronel Muamar Kadhafi en plena 'primavera árabe' y con la ayuda de una ofensiva aérea de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), pero a cambio se encontró con el despertar del extremismo religioso y de las rivalidades sectarias y regionales, así como con la injerencia del exterior.
 
Como Jones, Stevens era un especialista en el mundo árabe que no vaciló en apoyar en Bengazi -cuna de los monarquistas de Cirenaica opuestos al predominio de Tripolitania y la tribu de Kadhafi-, la operación de una base de la CIA que supuestamente 'monitoreaba' a las milicias que derrocaron al autor del Libro Verde, en muchos casos integradas por yijadistas veteranos de Afganistán e Irak, simpatizantes de El Kaida 'exportados' por el emirato medieval de Qatar. Su muerte en el consulado general norteamericano, que no pudo ser explicada por la entonces canciller Hillary Rodham Clinton y la embajadora en Naciones Unidas, Susan Rice, se convirtió para los republicanos en la oportunidad dorada que esperaban para que su candidato a la Casa Blanca, Mitt Romney, remontara en plena campaña electoral frente a Obama.
 
A fin de cuentas, sin embargo, Washington logró un control de daños eficaz frente a la primera muerte de uno de sus embajadores desde 1979 en Kabul y sólo se sabe, de acuerdo a la versión oficial, que las sospechas recaen en Ansar el Sharia, uno de los grupos fundamentalistas que exigen imponer la ley coránica en Libia.
 
Pese a su riqueza petrolera y el nivel de vida que Kadhafi había impulsado, al país norafricano le ha costado mucho la transición; el desarrollo del nuevo ejército es muy lento, permanecen congelados en EU y Europa 60,000 millones de dólares del fondo soberano Autoridad de Inversión Libia, los integristas tuareg emigraron al sur para consolidar el bastión de El Kaida que Francia y la OTAN ahora combaten en Mali -y muy pronto en el vecino Níger, donde EU ya estableció una base de aviones teledirigidos- y, apenas el domingo, 200 excombatientes rebeldes sitiaron la sede del débil primer ministro Alí Zidan en Trípoli, para exigirle que renuncie en apego a la ley de 'aislamiento', que prohibe a los miembros del antiguo gobierno participar en política.
 
De Kuwait
 
A este complejo panorama se enfrentará Jones, nominada a principios de mes por el Ejecutivo y que, detalla The Christian Science Monitor, fungió como embajadora en Kuwait en 2008-2011. Si bien había mantenido un perfil bajo tras su regreso a la Unión Americana, expone, la diplomática dio muestras de su vasta experiencia y contactos al moderar una mesa organizada en noviembre por el Instituto Oriente Medio en Washington, recordando que George W. Bush advirtió en 2005 al dictador egipcio, Hosni Mubarak, sobre los riesgos que podía correr en El Cairo.
 
Según su versión, el presidente Bush expresó a El Faraón su agradecimiento por su papel como 'pilar de la estabilidad' (y de los intereses estadounidenses) en la región, al darle la bienvenida en su rancho de Crawford, Texas. Pero añadió que 'tenía la fuerte sensanción' de que los egipcios se estaban volviendo 'inquietos' por la falta de reformas democráticas mínimas y la decisión, ya obvia para esas fechas, de que Gamal, el más joven de los hijos de Mubarak, se convirtiera en el delfín del régimen. En respuesta, refiere Jones, Mubarak, que ahora permanece bajo juicio, puso su mano sobre el brazo de Bush y le manifestó: 'Gracias, George, pero no conoces al pueblo egipcio'.
 
El nombramiento de Jones coincidió con la visita que hizo Zidan a la capital estadounidense, tras pedir por enésima vez a las milicias que desalojen sus bastiones en Trípoli para sumarse a las 'fuerzas nacionales'. En la oportunidad, John Kerry, sucesor de Clinton en el Departamento de Estado, subrayó que hay desafíos por delante para Libia "y así lo entendemos, desde la construcción del consenso político hasta el fortalecimiento de la seguridad, la protección de los derechos humanos y el crecimiento de la economía".