Vienen años de crecimiento, a menos que...
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Vienen años de crecimiento, a menos que...

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Vienen años de crecimiento, a menos que...

21/05/2018

Confirmé lo que percibí cuando lo escuché hace un par de semanas de un representante de una importante calificadora crediticia. Si gana Andrés Manuel López Obrador la presidencia de la República deben venir dos o tres años de relevante crecimiento económico.

Es necesario basar en este político la atención por ser quien de acuerdo con la más reciente encuesta de EL FINANCIERO encabeza la competencia por el cargo. Eso no implica su segura victoria, claro.

La lógica del especialista se basó en el curso actual de la economía que crece mediocremente, pero podría acelerarse. Las exportaciones aumentan en general, un peso depreciado las abarata y por tanto las apoya y la industria de energía finalmente despliega sus inversiones privadas. Los bancos están en boga y aumentan aceleradamente las ventas de la comida que produce la tierra. Todo ello promete además más ingresos para el gobierno, que a diferencia de lo que hizo la actual administración, puede usarlos decididamente para construir infraestructura. La economía debe crecer.

Hasta ahí, todo es un simple análisis con una dosis de optimismo, pero el jueves López Obrador asentó esa noble expectativa.

En un encuentro con empresarios agremiados en la Coparmex lanzó la promesa de no proponer cambios legales si los votantes le conceden la silla que anhela al menos desde 2006:

“No queremos iniciar con reformas, con el marco legal actual podríamos iniciar los cambios”, dijo. “Dejaremos las reformas para mediados del sexenio”. En lo fiscal reiteró que no pretende cambios.

Si el candidato del partido político Morena llega finalmente a su meta y cumple, podemos contar con que no cambiará las reglas hasta después de ver cómo operan.

¿Qué podría salir mal?

Primero, el riesgo más inmediato: De la misma fuente de la que procede la confirmación de este análisis viene una alerta: si de alguna manera AMLO detiene la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, estaremos ante el inmediato escrutinio de las calificadoras.

Esto no es de filias o de fobias. En un sentido práctico, los analistas e inversionistas extranjeros percibirán que el gobierno mexicano en general no es de fiar, independientemente de colores partidistas. En consecuencia, el país perdería su calificación que hoy sólo es superada por la de Chile, en Latinoamérica.

Eso implica el adiós a los créditos más baratos en la historia reciente de México. Habría impacto hasta en el precio de las hipotecas y seguramente afectaría todavía más el valor del peso.

Luego, la posibilidad de que su salud se deteriore. La semana pasada, Raymundo Riva Palacio reveló en este mismo medio el tratamiento al que está sometido el candidato López Obrador. La ausencia por salud de un potencial presidente que concentra en su persona el poder, dejaría un vacío que nos regresaría a la lucha de tribus que desafortunadamente muestra cíclicamente la necesaria izquierda nacional: moderados contra radicales. Una lucha feroz… y el destino de México en medio.

Finalmente, entre los visibles está el riesgo del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

El presidente estadounidense Donald Trump no atiende a la lógica. Sacó a su país del acuerdo climático de París, también del que los países más desarrollados firmaron con Irán para contener sus armamentos nucleares y hace días estableció la embajada de su país en Jerusalén contraviniendo la diplomacia global y motivando una violencia que derivó en muerte. Trump sí puede esforzarse por sacar a su país del TLCAN que hoy es el sistema paralelo de leyes que da certidumbre a las inversiones privadas.

Hay algo más. El inicio del actual gobierno rompió el ordenado funcionamiento de la economía. Hasta Pemex retrasó pagos en 2013 como consecuencia de la llegada de funcionarios que tardaron en adaptarse. Una transición poco tersa entre el equipo actual y el que llegue podría repetir la historia en 2019.

En cualquier caso, la balanza del análisis en este momento se sitúa del lado optimista del crecimiento económico durante la próxima administración, llegue quien llegue.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.