El consuegro de Slim que se opone al nuevo Aeropuerto
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El consuegro de Slim que se opone al nuevo Aeropuerto

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El consuegro de Slim que se opone al nuevo Aeropuerto

11/06/2018
Actualización 11/06/2018 - 10:11

Miguel Torruco Marqués domina el escenario este caluroso sábado de primavera, quizá porque ya antes de nacer le esperaba la fama con la que convive frecuentemente.

Sus padres mexicanos interpretaron historias de la época de oro del cine nacional. Su madre alcanzó Hollywood el mismo año en que Miguel nació, en 1951, cuando se estrenó A Través del Ancho Missouri, estelarizada justamente por María Elena Marqués en el papel de Pies Negros, una indígena estadounidense que termina embelesando al personaje de la mayor estrella estadounidense de la época, Clark Gable.

Su padre, un atractivo piloto aviador y actor llamado Miguel Torruco Castellanos, falleció antes de que el hoy asesor de Andrés Manuel López obrador y posible secretario de Turismo, cursara la primaria.

Este 9 de junio, ante decenas de descendientes de inmigrantes congregados en el Centro Libanés de Yucatán, él mismo refiere esa pérdida.

Miguel es el funcionario del potencial gabinete de AMLO que circunstancialmente visitó Mérida antes del debate de los candidatos presidenciales programado para mañana en esta ciudad.

Un heredero de la emprendedora cultura libanesa, Carlos Slim Domit, se casó con su hija María Elena Torruco Garza, lo que convirtió a Miguel en consuegro de Carlos Slim Helú, el empresario más prominente de esa ascendencia.

Entre miembros de la comunidad referida, un hombre se levanta justo después de que Torruco habló, en ambiente de campaña, de cómo pretende impulsar el turismo de esta región peninsular. Sin más, micrófono en mano, el hombre le suelta: “Creo que todos aquí queremos saber qué opina usted del nuevo aeropuerto”.

Miguel Torruco no le da vueltas. Dice que es inconcebible que “un país pobre” pretenda desechar dos aeropuertos que ya funcionan: el AICM y el de Santa Lucía.

El actual AICM, abunda, puede ampliar sus operaciones con dos pequeñas inversiones, una para un radar que debe de costar menos de 40 millones de dólares y que permitiría usar dos pistas simultáneamente, y otra para una tercera terminal para recibir pasajeros.

La propuesta del nuevo aeropuerto en construcción va, entre otras cosas, contra la naturaleza que terminará por resolver a dónde conducir el agua que antes iba a dar al Lago de Texcoco, sostiene, lo que terminará afectando a los habitantes de las más pobres poblaciones cercanas.

Hay un cerro, dice, que puede provocar accidentes en operaciones de aterrizaje y despegue en esa nueva instalación y una de sus pistas también puede causar una tragedia pues su ubicación cambió para no afectar al aguerrido pueblo de Atenco. Ese movimiento provocará que los pilotos lidien con vientos cruzados.

“A ver quién pone la carita”, advierte, cuando ocurra un accidente o el agua inunde un pueblo por aferrarse a un proyecto que aumenta sus costos aceleradamente como todas las obras presupuestadas por el gobierno.

Torruco critica la tardanza que puede tener la oferta de 400 mil empleos prometidos por el Nuevo Aeropuerto Internacional de México y la inmediatez de la pérdida de los 80 mil puestos de trabajo del viejo AICM, amén de la caída del negocio de los hoteles que rodean esa infraestructura.

Hay que imaginar la más reciente cena familiar cuando probablemente uno de los beneficiados por esos contratos, Carlos Slim Helú, le explicó a su consuegro Torruco, por cierto, ex líder nacional de los hoteleros, su convicción de que es imperativo construir ese aeropuerto que diseñó, cosas de comedor, el yerno del magnate, Fernando Romero.

Torruco confía mucho en sus habilidades de mercadotecnia. Tiende a llevarse los dedos a la frente en ademán de pensar, cuando plantea ideas como la de buscar Récords Guinness para obtener una exposición de bajo costo de las ciudades mexicanas, como la marca que alcanzó el antes Distrito Federal al juntar al mayor número de chefs en el Paseo de la Reforma, noticia que asegura, dio la vuelta al mundo.

México subió en las listas de países más visitados, pero ascender es poco mérito, señala, cuando Inglaterra cayó por cerrarse con su “Brexit” y Turquía dejó de aportar información. Si bien llegan más turistas extranjeros, los de internación que realmente vienen de vacaciones y no a una rápida visita fronteriza, cada vez gastan menos dinero acá. En efecto, en un año, su gasto promedio bajó de 884 a 860 dólares, según Banxico.

A los yucatecos, Torruco les propone crear el Museo de Armando Manzanero para atraer visitas y vestir de ropas prehispánicas a los actuales vendedores ambulantes indígenas instalados en Chichén Itzá, para crear una suerte de espacio mágico maya. Las ideas a decir de los rostros de los presentes, parece convencer, salvo por el plan del ferrocarril.

“¿Y el tren peninsular de AMLO pasará por Yucatán?”, le espetan. “Creo que no, responde”. “Mucho nos ayudará, entonces”, remata con ironía uno de los empresarios presentes.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.