¿Cómo está la zona petrolera que AMLO visitó el sábado?
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¿Cómo está la zona petrolera que AMLO visitó el sábado?

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¿Cómo está la zona petrolera que AMLO visitó el sábado?

10/09/2018

A un lado de la carretera que parece una calle descuidada, una robusta mujer recarga el mango de una sucia pala en su hombro derecho. Junto a ella transitan los coches a vuelta de rueda, mientras ella con el brazo que le queda libre extiende a los conductores una suerte de canasta hecha de los restos de una botella de plástico atada a un palo.

Pide dinero, mientras su esposo imita la causa del otro lado de la vía bajo un sol que les asa el cabello.

Ambos exigen una recompensa por la tarea de tapar con tierra los baches que abiertos, impedirían el paso. Es una parte del camino que conecta a Veracruz con Tabasco. A México con su península del sur.

Es la tierra del presidente electo, probablemente llena de hidrocarburos, pero aquí en pleno septiembre de 2018 la escasez de dinero en manos de la gente provoca agobio.

Antes de llegar al punto de los baches hay que pasar las hermosas Cumbres de Maltrata, en donde un pequeño pueblo llamado Nueces es según sus habitantes un lugar peligroso en el que los pocos que ahí viven deben tomar partido entre bandas rivales que roban camiones al paso.

El instinto empuja a pasar rápido por Veracruz y Tabasco para llegar a Campeche en donde menguan las probabilidades de enfrentar un acto violento.

Tiene razón el próximo mandatario Andrés Manuel López Obrador:

“Tenemos que levantar la producción petrolera y en poco tiempo porque se detuvo, se frenó la explotación petrolera en los últimos tiempos y por eso la declinación en la producción de petróleo”, dijo la semana pasada.

El problema es que en esta frase al menos, hay una dosis de información cuestionable.

Es cierto que urge la actividad petrolera para reactivar la lucha local contra la pobreza. El tamaño de la economía de Campeche se redujo a la mitad en 10 años y sólo en 2018, el salario medio de sus habitantes cayó 4.5 por ciento, de acuerdo con cifras oficiales. Tabasco se aproxima a esa realidad. Su economía ya se achicó 20 por ciento desde 2015, reporta el Inegi.

También es válido decir que el gobierno de Enrique Peña Nieto, en pos de sonreír a las calificadoras que amenazaron con bajar la calificación crediticia de México, casi acabó con la inversión de Pemex en exploración y producción. Las cifras se cuadraron al modo burócrata: en lugar de generar crecimiento, recortaron el gasto.

Lo que nadie puede asegurar es que el freno en la explotación petrolera provocó la declinación ocasionada en realidad por la agonía del único gran yacimiento mexicano: Cantarell. Es posible que por más inversiones que se hagan, nunca sea verificada nuevamente la existencia de grandes reservas.

México no es Venezuela, tampoco Arabia y habida cuenta de lo que pasa a varias naciones con pobre Estado de derecho que gozan la “suerte” de contar con hidrocarburos, ojalá que no abunde el crudo aquí en tal magnitud, en tanto no haya respeto a las leyes.

En Ciudad del Carmen ya no son visibles los barcos que en distintos viajes observé anclados al puerto. Cifras públicas permiten pensar que las empresas privadas que ganaron rondas petroleras ya los pusieron a trabajar con nuevos contratos. Eso es bueno.

Muy cerca de ahí, AMLO se reunió el sábado con “empresarios” para promover inversiones que suman más de 200 mil millones de pesos en exploración y producción. Eso también es bueno, pero Pemex hizo en otros días inversiones mayores y para los estándares del sector petrolero en donde un solo pozo puede costar entre 40 millones y dos mil millones de pesos, luce como una cifra pequeña.

El presidente electo omitió detalles luego de su reunión a puerta cerrada. Quienes ahí le acompañaron vieron muchas caras conocidas. Por aquí, gente que ya ganó contratos de Pemex en el pasado, por allá el hijo de un exgobernador o el pariente de un expresidente. Hasta ahora, poco hay de nuevo.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.