Nuevo TLC: Cuatro reflexiones y dos pronósticos
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Nuevo TLC: Cuatro reflexiones y dos pronósticos

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Nuevo TLC: Cuatro reflexiones y dos pronósticos

02/10/2018
Actualización 02/10/2018 - 9:18

Al final hubo acuerdo trilateral. Facilitará las cosas. Pero más importante aún, se desmantela otro pilote en la estructura de incertidumbres que han rodeado a nuestro país en los últimos dos años -en este caso relacionado con el comercio internacional. Todavía no hay acuerdo aprobado por Congresos y firmado, pero se puede decir que se ha dado un enorme paso para devolver la confianza de los inversores, exportadores e importadores. Dicho lo anterior, quizás es muy pronto para generar una conclusión delicadamente fundamentada sobre lo acordado pero creo que en este punto puedo subrayar cuatro reflexiones y hacer un par de pronósticos importantes.

Primero, es complicado evaluar hacia donde se ha inclinado el balance de beneficios. Al final hubo concesiones por parte de todos los involucrados. En algunos casos sobre temas clave y en otros sobre requerimientos que desde un principio fueron introducidos como mera estrategia de negociación. Sin embargo, a estas alturas hay una clara ganancia para todas las partes. EUA puede ofrecer el tratado trilateral como la victoria política que tanto se buscó el último año y el modelo de negociación que buscará presentar como referencia en sus múltiples disputas comerciales abiertas.

En tanto, Canadá y México pueden volver a funcionar sobre una plataforma de certidumbre para el comercio y la inversión, aunque ya con claros incentivos a diversificar. Resulta increíble lo frágil que puede resultar la dependencia a un solo arreglo comercial.

Segundo, no es claro que el acuerdo logrado se encuentre a años luz del original. Es decir, es innegable que hubo avances tangibles hacia temas comerciales relevantes para el siglo XXI pero la estructura del arreglo no luce muy distinta. En el caso de México, se derivan nuevas condiciones aparentemente más astringentes para el sector automotor y para los lácteos en Canadá. No obstante, no me sorprendería que los efectos colaterales asociados a las batallas comerciales que EUA tiene vigentes puedan terminar beneficiando a sus socios norteamericanos en términos de participación de mercado.

Tercero, se contempla un blindaje relevante frente a las fuerzas proteccionistas actuales. En específico, Canadá y México tendrán margen de maniobra ante futuras medidas proteccionistas impulsadas por EUA y fundadas en la Sección 232 (seguridad nacional). Es decir, los socios comerciales de EUA tendrán un plazo relativamente cómodo para alcanzar arreglos que impidan la introducción de tarifas por parte de EUA. Adicionalmente, en un eventual escenario de retiro de EUA de la Organización Mundial de Comercio, existiría un trato especial tarifario para sus socios.

Cuarto, toca ahora el turno de pasar de un incierto clima de negociación a uno similar en cuanto a su proceso legal en los Congresos nacionales. La incertidumbre es especialmente elevada en EUA ante el cercano proceso electoral intermedio. En dicha economía, el proceso legal luce como una carrera contra reloj donde la evaluación del tratado podría verse aderezado con intereses políticos. Personalmente creo que el tratado prosperará en su paso por el Congreso, lo que no aseguro es si será por un camino pavimentado.

Teniendo lo anterior en cuenta, me atrevo a presentar un par de pronósticos. Uno relacionado con el futuro de las tarifas impuestas por EUA al acero y aluminio, y que afectan actualmente a Canadá y México, y otro respecto a la naturaleza de los beneficios esperados por EUA.

Una de las preguntas clave durante el día de ayer es si el alcance del acuerdo trilateral implicaba el desmantelamiento de medidas proteccionistas empujadas por EUA y que afectan a sus socios en Norteamérica. Las autoridades en EUA optaron por establecer que eran cuestiones separadas y que por el momento no se debía asumir como implicación la eliminación de tales tarifas. Lo cierto es que tales tarifas sí llegaron a ser utilizadas abiertamente como mecanismos de presión durante la negociación a través de un simple "eso lo veremos si alcanzamos un buen acuerdo".

Mi pronostico aquí es que tales medidas proteccionistas serán desmanteladas para Canadá y México en las siguientes semanas a través de un acuerdo. El más interesado en alcanzarlo sería EUA. De no hacerlo, el establecimiento de una estrategia de presión basado en tarifas quedaría debilitado en otros frentes (léase China e Unión Europea). El nuevo TLCAN, su proceso y contenidos será utilizado como referencia, lo mismo que las herramientas de presión utilizadas. Al no levantarse tales esquemas de presión, los negociadores del otro lado de la mesa en otras latitudes no percibirían claramente el incentivo a acordar.

Las autoridades en EUA ya han adelantado el arribo de beneficios tangibles tales como el "regreso" de 250 mil trabajos en la industria de autopartes y el "encogimiento" de los balances comerciales de EUA en decenas de miles de millones de dólares. En este sentido, conviene reconocer por un lado que la tendencia a evaluar acuerdos comerciales a través del signo y tamaño de sus balances no ha desaparecido y por otro que puede no haber los resultados esperados o no ser notorios en el corto y mediano plazo. Mi pronóstico es que no se hará énfasis en éstos de manera inmediata, pesará más la lógica de "victoria política en EU" y los esfuerzos estarán concentrados en otros frentes de la guerra comercial.

Joel Virgen es el Economista en Jefe para México del BNP Paribas con sede en Nueva York, EUA. Sus opiniones no necesariamente representan las de la institución bancaria internacional.

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.