Lecciones de un tratado en tiempos de proteccionismo
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Lecciones de un tratado en tiempos de proteccionismo

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Lecciones de un tratado en tiempos de proteccionismo

04/09/2018
Actualización 04/09/2018 - 13:40

Se agotó el plazo autoimpuesto. Todavía no hay nuevo Tratado de Libre Comercio para Norteamérica. Lo que hoy tenemos es el anuncio de un acuerdo bilateral México-EUA y a Canadá todavía activo en la mesa de negociaciones. Comienza un nuevo plazo, esta vez de 30 días en que Canadá intentará encontrar un acuerdo con EUA y así reactivarse el logro de un TLCAN 2.0. Todo esto en un contexto de importante incertidumbre sobre el tipo de proceso de aprobación que tanto un acuerdo bilateral México-EUA como una tardía integración de Canadá tendrían por parte del Congreso de EUA.

Aun así, en ausencia de un nuevo tratado, creo que podemos derivar varias observaciones relevantes para el tipo de proceso que podrían esperar otros frentes comerciales abiertos entre EUA y, por ejemplo, Europa y China. Subrayo tres elementos o lecciones.

Primero, las fronteras de negociación son fijadas y firmemente delimitadas por EUA. Dentro de dicho territorio se llevan a cabo las negociaciones. El statu quo es abandonado fuera de la frontera y el planteamiento de nuevas demandas es llevado a un extremo aparentemente inviable, a veces ilegible en el corto plazo.

Segundo, las nuevas demandas son impuestas por EUA, aprovechando el gran poder de negociación que le da el tamaño de su mercado. Dichas demandas son usualmente ligadas a mecanismos de presión (no necesariamente realistas o lógicos). El objetivo parece ser el encarecer significativamente la alternativa a negociar nuevos términos.

Tercero, la fuerte línea de negociación no es relajada aún con las partes en la mesa y los acuerdos “muy avanzados”. El surgimiento de nuevas y en ocasiones disruptivas demandas complementan el esfuerzo de erosión de voluntades. La estrategia norteamericana no parece tener reticencias a fijar cursos de colisión y cambiar de curso en el último minuto (o no).

Con estos pocos hechos estilizados, creo que la actual fase en la que se encuentra la negociación del TLCAN puede arrojar al menos tres señales.

Por una parte, los acuerdos son alcanzables, aunque no sea del todo claro que el nuevo acuerdo lleve a una nueva combinación de beneficios distribuidos equitativamente (win-win-win).

Por otro lado, los tiempos políticos no parecen ser irrelevantes. Las fases de aceleramiento o ralentización de las negociaciones al compás de nuevas fechas críticas (o deadlines) parecen ligados a los tiempos políticos o electorales.

Por último, y no menos importante, el acceso al mercado estadounidense es una herramienta poderosísima en cualquier negociación comercial con EUA. Todos estarán dispuestos a sentarse a la mesa y decir adiós al statu quo.

Con tantos frentes de disputa comercial abiertos entre EUA y el resto del mundo, no hay que perder de vista los adversos incentivos a la inversión y a la apertura comercial. Dichos factores sin duda deben de sumarse a los retos al crecimiento económico mundial desde ahora.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.