Los bancos del sexenio de Peña Nieto
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Los bancos del sexenio de Peña Nieto

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Los bancos del sexenio de Peña Nieto

04/09/2018
Actualización 04/09/2018 - 10:27

Si algo se diferenció este sexenio, es la apertura que se tuvo en el sector bancario, sobre todo por la llegada de filiales de bancos internacionales que se dieron con los cambios aprobados en la Reforma Financiera.

La Reforma Financiera que significó cambios en 33 regulaciones financieras, abrió la puerta a que bancos con capital de gobiernos pudieran operar, esto anteriormente las leyes financieras mexicanas lo prohibían, pero más que buscar que llegaran instituciones con ese perfil, lo que se buscó es que se facilitara la entrada de más instituciones de todo el mundo, lo cual sin duda se logró ya que sólo en los cinco años de la administración de Enrique Peña Nieto se otorgaron nueve licencias bancarias, el mayor número si se compara con las anteriores administraciones.

Bancrea, Sabadell, Finterra, ICBC y Mizuho son algunos de los que ya han entrado en operación. El primero de ellos, Bancrea de capital regio al cual le ha ido bien en el segmento que han iniciado que es el empresarial al igual que Finterra en el segmento agro, las opiniones han sido favorables. Sabadell de capital español crece de forma muy rápida, tanto que cada vez más directivos de otros bancos se incorporan ahí, e incluso es uno de los que logró capitalizar el cierre de Interacciones y atraer a sus filas a directivos como Ignacio Zubiría, que ahora es el director de Captación Institucional y Corporativa.

El objetivo de todas estas licencias otorgadas ha sido fomentar la competencia, aunque lo cierto es que en varios segmentos esto no se ha logrado y la concentración sigue latente, e incluso para muchos de los participantes del mercado y alguno que otro exregulador, es necesario que se dé ya una concentración mayor del sector, ya que varias de las licencias sólo han servido para que sus socios obtuvieran cierto “status” ante la “sociedad financiera” sin realmente trabajar en fomentar bancarización o en buscar competir, además de que hay unos que desde sexenios anteriores tienen números rojos y “siguen necios” en ser banqueros.

Incluso alguno de estos bancos pequeños fue ofrecido recientemente en venta, sin éxito, ya que no hubo interés de inversionistas en adquirirlo por lo costoso que puede resultar cumplir con toda la regulación, pero que eso ha permitido tener un sector sano, que buscan se fortaleza aún más.

Los bancos de capital extranjero que operan pueden ser una pieza fundamental en este proceso, siempre y cuando —reconocen— también el Tratado de Libre Comercio se mantenga. El próximo sexenio que inicia en diciembre, quizás podría ser el parteaguas para que este proceso se dé de una forma más rápida y se vean más fusiones, o no descarte alguna quiebra y no por problemas económicos en el país, sino porque simplemente los socios de algunos bancos decidan no seguir inyectando capital para mantenerlos sanos, como hasta ahora lo han hecho y la autoridad les ha exigido.

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Y en el otro lado de la moneda, si algo les pegó en este último tramo sexenal a los bancos fue la entrada del Infonavit al otorgamiento de crédito a personas con salarios de diez salarios mínimos para arriba, segmento que era primordialmente atendido por ellos y que con la ampliación del monto a prestar y la tasa fija, reconocen que les representó una mala pasada. Hoy aunque está en plena fase de arranque, el programa de Mejoravit que busca que un trabajador pueda cambiar la hipoteca adquirida en una ciudad por otra por así convenirle, puede convertirse en un futuro, ya calibrados los procesos, tal como sucedió en los programas de cambio de hipoteca entre bancos en un producto que podría revolucionar el mercado, pero como todo el tiempo tendrá la última palabra. Por lo pronto, la moneda está en el aire.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.