Opinión

Je suis Charlie®

1
 

 

La portada de la revista satírica Charlie Hebdo

Una vez más, una torrencial andanada de solicitudes de registro de marca ha invadido las diversas oficinas de registro en el mundo, buscando un medio para apropiarse de la hoy mundialmente célebre frase “Je suis Charlie”, acuñada con motivo de la reacción solidaria que millones de personas manifestaron en relación a la masacre de los caricaturistas del semanario francés.

Las razones que llevan a una persona o empresa a querer convertirse en titular de una marca registrada de este tipo suelen ser tan diversas como solicitantes existen. Lo que es claro, es que la mayor parte lo hacen atraídas por el valor económico que el reconocimiento de la frase podría generarles, y que asociada a cierto tipo de productos o servicios puede representar una ventaja competitiva significativa. Imaginemos, por ejemplo, los beneficios comerciales que el empleo exclusivo de la frase en “camisetas” podría brindar a su titular. En otros casos el registro de la marca podría realizarse con la pretensión de constituirse en un mecanismo de control político al dar a su propietario la potestad de prohibir o permitir el uso de la misma en un determinado contexto.

Lo que cada vez se hace más evidente ante la irrupción de las redes sociales como novedosos escenarios de comunicación, es que la velocidad de la viralización de ciertas expresiones o nombres presenta nuevos desafíos que la legislación tradicional aún no acierta a interpretar en sus alcances y efectos. De entrada, la oficina de marcas de la Unión Europea, y la propia oficina francesa de signos distintivos, han expresado una opinión preliminar en el sentido de que solicitudes de este tipo podrían ser negadas, dada la falta de distintividad de la frase, al no poderse vincular con un producto o servicio en particular. La especulada objeción, sin embargo, no parece encontrar apoyo consistente en la legislación de marcas, y parece más una reacción instintiva del sistema ante el desconcierto que producen estas pretensiones.

En ciertos contextos se aprecia como obvio que el uso de la frase tendría que considerarse como engañoso, y por tanto inhibirse su registro, como sería el supuesto de ser asociada a publicaciones impresas o digitales, o servicios de información, al establecer una falsa presunción de relación con el semanario francés que ha estado en el centro de toda esta polémica.

El asunto, de manera indirecta, actualiza la discusión sobre los usos políticos que las marcas registradas y el derecho a la imagen proveen, y que en tiempos electorales pueden representar diferencias notables entre contendientes. Tema más que actual en nuestro país y del que nos ocuparemos en la próxima entrega.

También te puede interesar

Buenos números en lucha antipiratería

Propiedad Intelectual; la misma Agenda

Cumple 20 años ADPIC en medio de cuestionamientos