Sus promesas
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Sus promesas

02/04/2018
Actualización 02/04/2018 - 12:22

El dicho “prometer no empobrece” no aplica en esta época electoral, o no debería. Prometer es la actividad cotidiana de los miles de candidatos en campaña, y aunque lanzar apuestas, ideas, ocurrencias y planes de trabajo que no se detallan es lo que existe en esta recta final hacia la contienda electoral, no es lo que deberíamos permitirles que nos den.

Los millones de pesos que el INE y los institutos locales le entregarán a los personajes que pretenden trabajar para nosotros, es una de las varias razones por las que nuestro papel debe ser activo en el proceso electoral y no la pasividad de sólo escucharlos en sus repetitivos discursos de campaña.

Este fin de semana las contiendas presidenciales arrancaron formalmente como campaña, a pesar de los tres meses que llevamos oyendo diario de sus debates mediáticos. Como era de esperarse, las primeras propuestas concretas comenzaron a fluir ahora que legalmente pueden 'prometer' sin ton ni son para convencernos de darles un voto.

Pero, ¿qué nos están vendiendo estos candidatos? ¿Y si nos detenemos a analizar y a exigirles los cómo? Porque prometer sin fondo no empobrece a los candidatos, pero sí la democracia a los votantes. Tomemos, como ejercicio de inicio de campaña, tres de los discursos que escuchamos de los candidatos.

En la CDMX el único candidato con partido que no perdió un solo minuto para prometer sin control es el conservador de la contienda: Mikel Arriola. El priista que en precampaña e intercampaña aprovechó para capitalizar el voto conservador que, a pesar de las alianzas electorales entre cúpulas de partido, olvidaron los panistas –que no marcará en la boleta a una perredista– y a los simpatizantes de Encuentro Social, que no se identifican con 'el cambio verdadero'.

Y en nombre de ese voto conservador lanzó dos promesas que no sólo no tienen vialidad financiera ni legal, sino que además son violatorias de derechos humanos fundamentales.

1. “Desde el primer día de mi gobierno mandaré iniciativa de reforma al Congreso para reducir la edad penal de 18 a 16 años (sin descansar hasta que se haga realidad) y establecer que si algún menor de 16 años comete algún delito grave, como secuestro, sea juzgado como adulto”.

2. “Una vez que se les dicte sentencia a los delincuentes, para garantizar que no reincidan en actividades delictivas, les implantaremos un dispositivo geolocalizador para saber dónde se encuentran en todo momento. De este modo, daremos tranquilidad y certeza a las familias capitalinas”.

Alguien debería decirle a Mikel, pero sobre todo al posible electorado que quiera votar por él con esa promesa hecha aprovechándose del miedo de los capitalinos y la inseguridad creciente en la capital, que son oportunidades laborales, educativas y de cultura las que ayudarían a que los jóvenes se alejen de la delincuencia, y no la criminalización. Y que una persona que sale de prisión, al haber cumplido su sentencia, no se le puede monitorear con el prejuicio de una reincidencia, porque en automático se violan sus derechos y se les quita la oportunidad de que se reinstalen en la sociedad.

El sábado, en el primer evento masivo de campaña de la también aspirante a la jefatura de Gobierno, Alejandra Barrales, la perredista-blanquiazul usó la misma técnica que la izquierda tanto criticó hace un año en el Edomex: usar a las mujeres como botín político y prometerles su versión del ‘salario rosa’ que Alfredo del Mazo utilizó para ganar votos.

“Cuando las mujeres tienen dinero, éste se convierte en medicinas, en alimentos, en progreso para las familias. Casi un millón de hogares están encabezados por mujeres y les vamos a dar dos mil 500 pesos mensuales”, dijo en plena Arena Ciudad de México.

¿Ya le avisaron a Barrales sobre los problemas urgentes de violencia y desaparición en la ciudad? ¿Sobre el fracaso en las políticas de acoso contra ellas? ¿De eso nada para prometerles a las “jefas”, como bautizó a las capitalinas?

Y qué tal esta promesa presidencial emanada del candidato priista a la presidencia, José Antonio Meade: “Quien no cree en las leyes y en las instituciones no podrá acabar nunca con la corrupción. Frente a la nación, encabezaré un gobierno de gente decente, como lo somos la mayoría de los mexicanos, un gobierno en el que el único privilegio sea ser mexicano, no habrá fuero para nadie, seré el primer presidente sin fuero”.

Quizás el abanderado del PRI no sepa de los cinco estados, como el Estado de México, donde la petición de retirar el fuero está congelada por la oposición tricolor. O de la iniciativa que el PRD ingresó al Senado en 2016 precisamente para retirar el fuero a los funcionarios y que ha sido rechazada por aquellos que hoy le aplauden 'la ocurrencia'.

¿Y si en vez de sentarnos 90 días a escucharlos prometer lo que creen que queremos oír, les exigimos que expliquen y los cuestionamos? Digo, nomás para variar.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.