Su eterno oportunismo
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Su eterno oportunismo

27/09/2017
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Sismo
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Nadie espera nada de ellos. Hemos aprendido a sobrevivir sus ocurrencias y a exigir desde nuestra trinchera el futuro en temas de relevancia nacional. Ocho días después se siguen poniendo de acuerdo en cómo ser parte de una ayuda con la que no se sienten cómodos.

Todos, en lugar de buscar la forma de atender una emergencia, buscaron cómo sacar provecho. El rostro de siempre con la expresión más cruel e indiferente.

El primero en alzar la mano fue López Obrador, ofreció dar dinero que no tiene, el de 2018. El PRI también se sumó y dijo que no recibiría dinero de este 2017, que lo regresaría al INE; después salieron a decir que mejor no quieren nada de dinero y que de una vez quiten a los diputados plurinominales: los reyes del absurdo.

El Frente nacional hizo lo mismo: que no querían dinero el próximo año, ellos se entendieron porque a nadie le importó su video grabado con fondo de biblioteca.

El escenario de la capital del país no fue distinto: un jefe de Gobierno que ya hacía las maletas para dar un salto a Los Pinos se encerró en un Centro de Mando desde el que sólo pudo observar por esas miles de cámaras que presume, a una ciudad que se volcó a las calles a levantar piedras y a organizar lo que él, con sus más de 50 mil policías, se quedó a medias.

Los líderes de partidos que tan activos habían estado en la ciudad se esfumaron a sus oficinas y los 66 diputados de la Asamblea Legislativa se quedaron sentados en las oficinas de atención que nunca están abiertas a los ciudadanos, esperando que les llegara una ayuda que los capitalinos ya repartían en los centros de acopio que los vecinos instalaron en los patios de sus casas.

No se vio a esos políticos, acostumbrados a vagar por las calles en época de campaña, en las zonas acordonadas o acompañando a vecinos que esperaban un familiar que aún yacía bajo escombros. No eran sus camionetas las que usaron para llevar víveres u ofrecer café a voluntarios a las tres de la madrugada. Ni siquiera han sido capaces de ofrecer una postura oficial sobre los cambios que debe haber en los reglamentos de construcción, se han limitado a fríos comunicados repitiendo discursos vacíos.

Pero no, ya los conocemos y no esperábamos más de ellos.

Decía certeramente el periodista Mario Campos ayer: “Tengo claro que con el #19DeSeptiembre nació un nuevo campo político, uno en el que al parecer no caben los políticos”, nada más cierto.

Los ciudadanos vieron que pueden levantarse sin sus promesas, que esta pelea por ver quién quiso donar su presupuesto antes que el del otro color, sólo refleja que son ellos quienes nos necesitan.

Esos que se sienten poderosos viven en una realidad paralela, en la que subastan donaciones inventadas, dinero que nosotros les damos y que ahora, tras la tragedia, a través de la compasión voltean hacia abajo y dicen: “creo que ahora sí lo necesitan”.

Lo que molesta son las formas, el circo que arman para exhibir su patética empatía, un comunicado hubiera sido suficiente para informar sus intenciones de ayudar, nada más.

Después de eso empezar una discusión real del presupuesto que reciben año con año, una vuelta de tuerca en el rumbo de nuestra democracia, una verdadera conciencia después de la sacudida histórica del 19 de septiembre. Su voracidad no se limita a tragedias naturales, son los únicos que no conocen de crisis, que siempre suman; una parte radica en que lo único que podemos contabilizar es lo legal, pero ¿cuánto dinero se maneja en cada elección?, ¿de dónde sale? y ¿cuántos amarran conflictos de interés?

No pido la extinción de los partidos políticos, pero es necesario aprovechar la coyuntura para repensar ¿para qué están? ¿cuándo llegará el cambio de liderazgos? ¿por qué son incapaces de sumar jóvenes a sus cúpulas? Cuándo van a entender que esta tragedia es de oportunidad y no de su eterno oportunismo.

Twitter: @jrisco

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.