Siempre hay lugar
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Siempre hay lugar

11/04/2018
Actualización 11/04/2018 - 10:08

Hoy se publican una cantidad de columnas récord sobre la decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación de permitir a Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, estar en la boleta electoral el próximo 1 de julio. Muchas se dedican a analizar la sentencia, algunas recuerdan las anomalías en la recolección de firmas, otras explican las implicaciones políticas de esta decisión –a quién beneficia y a quién perjudica su presencia en la boleta–. Ésta [La Nota Dura] pretende ver hacia adelante en materia de dignidad y credibilidad en las instituciones. Acostumbrados a no esperar nada de ellas, otra vez caemos en el terreno de la decepción y de la incredulidad. La enseñanza democrática del máximo órgano electoral nos deja perplejos: siempre hay lugar para un tramposo.

Venimos arrastrando una serie de eventos electorales desafortunados. El año pasado en la elección del Estado de México se vio el potencial de un gobierno federal desesperado y el mapacheo intenso el día de la elección (para profundizar, favor de leer el libro El infierno electoral: El fraude del Edomex y las próximas elecciones de 2018, un libro coordinado por Bernardo Barranco); después vino Coahuila, un desastre en materia de autoridades electorales locales y un despropósito en gastos de campaña documentado por el Instituto Nacional Electoral, pero desechado por el TEPJF –los hoy expuestos–; acompañado de estos casos específicos, ningún partido respeta los gastos de campaña; en general el Consejo General del INE se ha convertido en un terreno donde los partidos buscan a toda costa vacíos legales que les permiten la trampa y hasta este momento la lógica del chanchullo no nos sorprende: que el PRI regale tinacos es normal, que el PVEM reparta tarjetas es normal, que Morena rebases los gastos de campaña es normal, que el PAN nos atiborre de spots en veda es normal; pero que el Tribunal Electoral haga malabares jurídicos para meter a un candidato a la contienda, no es normal.

Lo apuntaba muy bien ayer Juan Jesús Garza Onofre, director del Centro de Derechos Humanos de la Facultad Libre de Derecho, “el razonamiento (del TEPJF) en cuestión evoca a ‘Layín’, aquel despistado y campechano alcalde de San Blas, Nayarit, que dijo que sí robó, pero poquito. Pues con El Bronco es casi lo mismo, con la diferencia de que sí hizo mucha trampa”, otra vez estamos ante el dilema del político mexicano tantas veces retratado por Luis Estrada en La ley de Herodes que nos lleva por la senda del “o te chingas o te jodes”, a diferencia de que en ese nivel de corrupción el permiso de la trampa se queda en ese pequeño pueblo de ficción llamado San Pedro de los Saguaros, y lo votado por el Tribunal nos llega a una dolorosa realidad a menos de tres meses de la elección más grande en la historia de este país.

¿Dónde queda la credibilidad de los cuatro magistrados que avalaron la presencia de El Bronco en la boleta? Hago el señalamiento directo a Felipe Fuentes, José Luis Vargas Valdez, Indalfer Infante Gonzáles y Mónica Aralí Soto Fregoso. ¿Cuáles fueron los motivos políticos de la decisión y por qué no escucharon los argumentos impecables de la magistrada presidenta, Janine Otálora? Ojalá algún día nos expliquen cómo durmieron ayer.

En fin, la desconfianza crece, la indignación nos une y la vida democrática de este país sigue padeciendo a sus actores. La causa independiente nos dio su peor cara y justo esa ha sido la que las autoridades del Tribunal Electoral han aplaudido. Siempre hay lugar para un tramposo.

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En un mensaje que roza lo sorprendente de un milagro sobrenatural, Jaime Rodríguez Calderón escribió la madrugada de ayer: “Dios es grande, gracias. La fe es grandiosa”. Yo también escribiría lo mismo si hubiera entregado 58 por ciento de las firmas apócrifas y aun así me incluyeran en la boleta electoral.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.